1. Mi cachonda prima enfermera (1)


    Fecha: 30/01/2026, Categorías: Incesto Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos

    ... por mi pecho evocaba la imagen de Regina bajo el agua y sus manos auto explorándose.
    
    Salí envuelto en una toalla, el espejo empañado reflejaba mi rostro sonrojado. Me desplomé en su cama, el colchón se hundió bajo mi peso, las sábanas me abrazaron como un amante ausente.
    
    —Regina, cuando vuelvas… —susurré, mi voz se perdió en la oscuridad de la habitación—. Esto apenas comienza.
    
    El sueño me reclamó, pero no sin antes imaginarla entrando al amanecer, con su uniforme de enfermera arrugado, esperando a ser despojado de aquel cuerpecito candente.
    
    El alba se colaba por las cortinas cuando abrí los ojos, la cama de Regina aún estaba envolviéndome en su aroma. El silencio del departamento me dijo que ella no había regresado del hospital. Decidí aprovechar la oportunidad para sorprenderla. Me levanté, la energía de la noche anterior todavía vibraba en mis venas, y me puse manos a la obra en la cocina.
    
    Preparé una torre de hot cakes esponjosos, dorados en los bordes, acompañados de rebanadas de jamón crujiente y un hilo de miel que brillaba bajo la luz matutina. En la máquina de café, mezclé un cappuccino cremoso, la espuma formaba remolinos perfectos. Coloqué todo en la mesita de la sala, y como toque final, busqué un florero pequeño en un estante y lo adorné con una rosa que encontré en un mercado cercano. La mesa era un cuadro acogedor, un gesto que esperaba hablara más alto que mis palabras.
    
    Justo cuando ajustaba la rosa en el florero, la puerta principal se ...
    ... abrió. Regina entró, su uniforme de enfermera estaba ligeramente arrugado, con cansancio dibujado en sus ojeras, pero con esa chispa en los ojos que nunca parecía apagarse. Se detuvo en seco, su bolso colgaba de un hombro, y miró la mesa con una mezcla de sorpresa y desconfianza.
    
    —¿Esto qué significa, Adrián? —preguntó, teñida de curiosidad, mientras dejaba el bolso en el sillón y se acercaba, los tacones de sus zapatillas resonaban en el suelo.
    
    —Solo quise prepararte el desayuno antes de que te vayas a dormir —dije, encogiéndome de hombros, aunque mi corazón latía con fuerza—. Es mi manera de agradecerte por dejarme quedarme aquí.
    
    Ella ladeó la cabeza, sus labios se curvaron en una sonrisa que hizo que el aire se sintiera más ligero. Sin decir nada, se acercó y me envolvió en un abrazo cálido, su cuerpo se presionó contra el mío. El aroma de su perfume, mezclado con un leve rastro de antiséptico del hospital, me envolvió. Antes de que pudiera reaccionar, sus labios rozaron los míos en un piquito fugaz, suave como un susurro, pero suficiente para encender un cosquilleo en mi piel.
    
    —Gracias —murmuró, su aliento cálido contra mi mejilla—. Nadie había hecho algo así por mí. Nunca.
    
    Nos sentamos a la mesa, con los hot cakes humeando entre nosotros, el cappuccino llenando el aire con su aroma tostado. Mientras comíamos, la conversación fluyó como en los viejos tiempos. Reímos recordando nuestra infancia, esa tarde en la primaria cuando, en un juego inocente, “nos casamos” ...
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