1. Mi cachonda prima enfermera (1)


    Fecha: 30/01/2026, Categorías: Incesto Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos

    ... prima, fue sin querer —balbuceé, sintiendo el calor subir por mi nuca. Para disimular, desvié la mirada, dejando que mis ojos vagaran por el departamento. Era pequeño, tal como ella había advertido, pero acogedor. Una mesita con un par de velas apagadas, un librero repleto de novelas y una ventana que dejaba entrar la luz suave del atardecer. Todo tenía su esencia, como si cada rincón estuviera impregnado de su presencia.
    
    —Deja tus cosas en mi cuarto, ahí hay más espacio —indicó Regina, señalando una puerta entreabierta al fondo del pasillo. Su tono era ligero, pero había algo en su postura, en la forma en que cruzó los brazos bajo el pecho, que me hizo sentir observado.
    
    Asentí y llevé mi maleta a su habitación. El espacio era íntimo, con una cama cubierta por sábanas blancas y un escritorio lleno de cuadernos y plumas. Dejé mi equipaje junto al armario, pero al girarme para salir, algo captó mi atención: bajo la almohada, asomaba un destello púrpura. Un dildo, discretamente escondido, como un secreto a medio guardar. Una risa silenciosa me traicionó, pero apreté los labios para no decir nada, aunque mi mente ya estaba imaginando cosas que no debería.
    
    Al volver a la sala, Regina estaba apoyada contra el marco de la puerta, con una ceja arqueada y una sonrisa que era puro desafío.
    
    —¿Qué te dio tanta gracia allá adentro? —preguntó, inclinando la cabeza. Su cabello castaño cayó en ondas sobre un hombro, y la luz resaltaba la curva suave de su clavícula.
    
    —Nada, ...
    ... solo… recordé algo de la uni —mentí, encogiéndome de hombros, pero su mirada no se apartó, como si pudiera leer cada pensamiento que cruzaba por mi cabeza.
    
    Regina dejó pasar mi comentario con una risa ligera, como si quisiera desviar la intensidad del momento.
    
    —Vuelvo en un momento, te preparé algo de tomar —dijo, caminando hacia la cocina con un balanceo sutil que hacía que su falda abrazara sus caderas. Regresó con dos vasos de limonada helada, el hielo tintineaba contra el cristal, y se sentó a mi lado en el sillón, tan cerca que su rodilla rozó la mía.
    
    —Cuéntame, Adrián, ¿qué tal el nuevo trabajo? —preguntó, sorbiendo de su vaso mientras me miraba por encima del borde, sus ojos brillaban con curiosidad.
    
    —Empiezo en un despacho de mercadotecnia la próxima semana —respondí, sintiendo cómo el frescor de la limonada aliviaba el calor que aún me recorría—. Mucha presión, pero estoy emocionado. ¿Y tú? ¿Sigues salvando vidas?
    
    Ella sonrió, ajustándose los anteojos con un gesto delicado.
    
    —Sigo de enfermera, sí. El hospital es un caos, pero me gusta. Aunque… —hizo una pausa, mirando su vaso como si buscara las palabras en el hielo— me absorbe tanto que apenas tengo vida fuera de eso.
    
    —¿Y tu novio? —me aventuré, inclinándome un poco hacia ella, mi voz más baja de lo necesario—. ¿No le molestará que me quede aquí?
    
    Regina soltó una risa corta, casi amarga, y dejó el vaso en la mesita.
    
    —Novio, ¿eh? No tengo tiempo para eso, Adrián. El trabajo me tiene agotada, ...
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