1. Mi cachonda prima enfermera (1)


    Fecha: 30/01/2026, Categorías: Incesto Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos

    ... en aquella kermesse, con anillos de papel y promesas solemnes de que algún día sería real.
    
    —¿Te acuerdas de lo serio que estabas? —dijo mi prima, limpiándose una gota de miel de la comisura de los labios con una risa—. Juraste que me construirías una casa con piscina.
    
    —Y tú prometiste que serías mi enfermera personal —repliqué, guiñándole un ojo, mi voz cargada de un flirteo que no pude contener.
    
    Ella se rio, pero sus ojos se detuvieron en los míos un segundo más de lo necesario, un destello de algo más profundo brillando tras sus anteojos. Terminamos el desayuno entre bromas, pero el aire entre nosotros estaba cargado, como si cada palabra escondiera una intención no dicha.
    
    —Ya no puedo más, necesito dormir —dijo al fin, estirándose con un bostezo que dejó ver la curva de su cuello. Se levantó, dejando su plato vacío, y me dio una última mirada—. No te acostumbres a mimarme tanto, primito. Podría gustarme demasiado.
    
    —Ese es el plan —respondí, mi voz era baja, mientras ella desaparecía en su habitación con una sonrisa que prometía más de lo que decía.
    
    Me quedé solo en la sala, con el sabor del cappuccino aún en mi lengua, mi mente dando vueltas. Esa rosa, ese piquito, esa promesa infantil que ahora resonaba como un desafío. Quería más que su cama, más que su ropa interior o sus secretos. Quería que Regina fuera mía.
    
    Era viernes, y con el fin de semana libre antes de empezar en la empresa el lunes, me acomodé en el sillón con un cappuccino fresco, el ...
    ... aroma tostado llenaba la sala. Abrí mi laptop, navegando sin rumbo por internet, leyendo artículos dispersos hasta que la pantalla del televisor me llamó. Puse Suits, mi serie favorita, y me perdí en los enredos de Harvey Specter, sus trajes impecables y su descaro para salir de cualquier lío. Las horas se deslizaron sin darme cuenta, y cuando el reloj marcó las cinco de la tarde, llegó la pizza que había pedido. El olor a pepperoni y queso derretido inundó el departamento mientras colocaba la caja en la mesita de centro. Encendí Porky’s en la tele, una película que siempre me sacaba una risa culpable. El aire se había vuelto fresco, así que tiré una frazada gruesa sobre mis piernas, hundiendo los pies en su suavidad.
    
    Entonces, la puerta de la habitación de mi prima crujió. Salió, aún con el sueño pegado en los ojos, tallándoselos con el dorso de la mano. Llevaba un mini short rosa pastel que apenas cubría la curva de sus nalgas, la tela era tan ajustada que delineaba cada centímetro de su figura. Su brasier, negro con un toque de encaje, abrazaba sus pechos, realzándolos de una manera que me hizo tragar saliva. Su cabello castaño caía en ondas desordenadas sobre sus hombros, y la luz de la tarde, filtrándose por la ventana, hacía que su piel pareciera aún más pálida, casi luminosa.
    
    Sin decir nada, se acercó a la mesita, dejándome ver sus redondas nalgas, tomó una rebanada de pizza, el queso se estiró en hilos dorados, y con un movimiento audaz, arrancó la frazada de mis ...
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