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Cena familiar con mi hermano y su hija
Fecha: 30/01/2026, Categorías: Incesto Autor: ramonfons, Fuente: TodoRelatos
Hace más de 5 años que no veo a mi hermano Vicente. Se enamoró de una viuda que tenía una niña. La viuda quiso asegurar el pan de la hija y no le dejó escapar. Se decía que la niña fue el resultado del único polvo que se dejó pegar por su difunto. Va cada día a la iglesia y eso del sexo sigue siendo pecado. Mi hermano, cuando tenía hambre de hembra se iba a comer fuera de casa. Soraya, la niña, no quería vivir con su madre porque no la dejaba ir con falda corta ni escotada. La tenía muy reprimida y la niña prefirió estar con mi hermano que es muy liberal en todos los aspectos de la vida. La ex se fue del domicilio con la niña la noche en que pilló a Vicente en plena orgia en su propia cama. Soraya, que ya cumplió los 18 años y mi hermano la quiere espabilar. Vicente se alegró de la llamada y quedamos para cenar en su casa. Me abrió la puerta un mulato caribeño de 1.90, fornido, cubriéndose el paquete con una pequeña toalla que justo le tapaba lo que yo quería ver. -Tú serás Amparo – comenzó diciendo. Yo tenía la mirada fijada en la toalla esperando que dejara ver lo que ocultaba. -Soy Fausto, amigo de Vicente. Me dijo que vendrías. Se acercó para darme dos besos en las mejillas y le planté los dos en los labios. -Empezamos bien la noche- dijo Fausto comenzando a caminar delante de mí dejando que viera su apretado culo y los músculos de sus piernas. A medio pasillo oí que decía -Sírvetelo que quieras y me pones otro para mí. Voy a ...
... ponerme algo encima. -Por mí no lo hagas. En todo caso quítate la toalla. Llené dos vasos con ron y me senté en una butaca. No tardó en aparecer en el salón. Pantalón de deporte negro y una camiseta imperio tan ajustada como el pantalón. El blanco resaltaba el color de su piel morena. Como buen caribeño se deshizo en piropos. Unos sobre mi vestido estampado en motivos selváticos, el lo bien que lucían mis piernas bronceadas que asomaban por lo corto que era el vestido. Al oír sus palabras crucé las piernas y mi mano acarició la tela subiéndola hasta llevarla a donde terminan los muslos y empieza la cadera. -Parece que te gusta enseñar- dijo sentándose en la butaca de enfrente. -Digamos que soy algo exhibicionista – contesté a la vez que, con un ensayado movimiento, hice que cayera por mi hombro un tirante del vestido dejando ver medio pecho que devoró con la mirada caliente. -Ya veo, ya – dijo con la voz entrecortada. No subí el tirante, es más, al abalanzarme para coger la bebida terminó de abrirse el escote enseñándole el pezón al amigo Fausto que lo miró con ojos de búho. Llegó mi hermano con su hijastra. Al tomar impulso para levantarme de la butaca separé algo más de lo debido las piernas y Fausto fijó su mirada en mi entrepierna esperando ver de qué color llevaba las bragas. Su cara lo dijo todo. Me levanté para recibirles sin pensar en la teta que aún estaba a la vista. Un abrazo efusivo a mi hermano que duró los cinco años perdidos e hice un ...