1. Mi marido me prostituyó en el polígono


    Fecha: 02/02/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: El insecto palo, Fuente: TodoRelatos

    ... caliente y deseoso.
    
    En dos segundos estaba con ese nardo en mi boca, sintiendo su sabor contra mi lengua.
    
    Mamé despacio mientras Tomás, con su mano en mi nuca, gemía y me decía guarradas, mi esposo no dijo ni media palabra, como si supiera que todo eso fuera culpa suya.
    
    --Oh, María, cariño—dijo Tomás—Sabía que eras una viciosa. Oh, ¿Te lo tragarás para mi?
    
    Yo asentí con su polla en la boca y mamé obediente, noté como la polla se endurecía y como venía el precum, deseé con toda mi alma su corrida, agria y suculenta, bajando por mi garganta, y en dos minutos la tuve.
    
    Tomás gimió y comenzó a llenarme la boca de semen, tragué todo lo que pude, temblando de gusto.
    
    Cuando me separé Tomás me felicitó, no nos cobraría por sus servicios, pero aún debíamos mucho dinero.
    
    --Debéis conseguir dinero—dijo tajante—Y pronto, u os quitarán la casa, es lo que hay.
    
    Cuando salimos, ninguno habló, mi esposo condujo en silencio.
    
    --Lo siento—dije--Pero es que no se me ocurría otra opción.
    
    --No te preocupes—dijo mi esposo, dócil—Tienes razón, al menos así no tendremos que pagarle.
    
    --Pero aún debemos tanto dinero...
    
    --Bueno, por eso—dijo él—Mientras se la chupabas, he tenido una idea.
    
    --¿Que idea?
    
    --Ahora lo verás.
    
    --Vale.
    
    Condujo callado, y cuando me quise dar cuenta estaba rumbo a otro lugar que no era casa, era el viejo polígono, un lugar donde por la noche a esas horas, proliferaba la prostitución, el cruising y la compra-venta de drogas.
    
    --¿Que ...
    ... hacemos aquí?--pregunté.
    
    Mi esposo me miró sin decir nada y, sin previo aviso, me besó, un beso apasionado, con lengua, profundo, como solo nos dábamos cuando nos disponíamos a follar en nuestra casa.
    
    Sentí su mano introducirse bajo mi falda hasta tocar mi coño, tan solo protegido por la tela de mi tanga, supuse que quería follarme allí, ¿Por qué? No lo sé, pero era súper excitante.
    
    Allí a unos 80 km de casa, no había peligro de que alguien nos conociera si nos veía.
    
    Agarré su paquete y lo sentí endurecerse en mi mano, sentí deseos de sacar su nardo y metérmelo en la boca y mamarlo despacio, como a él y a mi nos gustaba.
    
    Como lo había hecho con Tomás.
    
    --No, espera—me dijo.
    
    --Que.
    
    --Quítate el sujetador—dijo él—La blusa y el sujetador.
    
    Yo sonreí, ya ansiosa por el inevitable acto sexual, y obedecí, me quité la ligera blusa que llevaba y el sujetador, mis pechos, medianos pero atractivos, estaban sedientos de unas manos que los sobasen y una boca que los devorasen con deseo.
    
    --Ahora ponte la blusa de nuevo—me dijo mi esposo.
    
    Yo me sorprendí por esa orden, pero obedecí, quedando mis pechos trasparentándose bajo la tela.
    
    Mi esposo acarició mis mulos y me quitó las bragas, tirando de ellas, así que quedé sin nada bajo la minifalda y sin nada bajo mi blusa.
    
    --Ahora sal y ofrécete por dinero.
    
    Me quedé de piedra al oír aquello, que era más como una severa orden que una petición, horas antes le había dicho lo mucho que me excitaría hacer eso, ...
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