1. Chantaje a mi madrastra promiscua


    Fecha: 03/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... vuelta, y acabé en sus tetas.
    
    – Ahora tomate hasta la última gota – ordené.
    
    Florencia juntó el semen, impregnado en sus mamas, con un dedo, y sin chistar, se lo llevó a la boca. Succionó su dedo hasta que no quedó nada de semen en él. Luego repitió la tarea. y finalmente, agarró sus enormes tetas, y lamió, ahí donde había recibido mi eyaculación.
    
    – ¿Satisfecho? – dijo.
    
    – A partir de ahora vas a hacer lo que yo te ordene. – dije. Ella sonrió con ironía.
    
    – Si Querés creer que sos el que tiene el poder, créelo. – Dijo. – ¿Ya me puedo ir a duchar?
    
    Por toda respuesta le desabroché el corpiño, y chupé con desesperación, ahí donde ella misma había lamido. Su piel suave tenía sabor a semen y a saliva. Estrujé sus pezones, observando el cambio que operaba en su rostro, debido a la excitación. Acaricié sus piernas torneadas y musculosas, luego sus muslos, y finalmente perdí mis manos adentro suyo.
    
    Mi pija se endureció enseguida de nuevo. Le ordené que sea ella quien ahora me montara. Me recosté baca arriba. Mi cuerpo apenas cabía en el sofá. Florencia metió mi sexo en el suyo. Mientras se hamacaba adelante atrás, yo no paraba de manosear sus tetas, y aunque era más difícil, también su culo. Ella acabó primero. Dejando mi sexo, y mis vellos pubianos empapados de su fluido. Su cuerpo se estremeció deliciosamente sobre mí. Cuando llegó mi turno, me di el lujo de enchastrar su cara con mi semen, y, una vez más, la obligué a tragárselo todo.
    
    La verdad
    
    Me hubiese ...
    ... gustado poseerla una vez más sobre ese sillón, pero Florencia dijo que ya había hecho todo lo que quise, que por favor la deje en paz.
    
    A la noche, tuvimos la velada más bizarra de mi vida, ya que cenamos con mi padre. Hicimos un esfuerzo exagerado por parecer que actuábamos normales, así que mi padre preguntó si había pasado algo. Florencia le inventó alguna mentira, y el asunto quedó, aparentemente, zanjado.
    
    Por la noche, no pude dormir. Lo que había hecho era una locura, pero sobre todo, una vil traición. La peor traición que pudiese cometer un hombre. Me prometí que me iría de casa. No quería estar a solas con Florencia nunca más. No había fuerza humana que me impida atraparla, desnudarla, y poseerla, cada vez que pudiera. Tampoco agunataría ver a mi pobre viejo a la cara después de lo que le había hecho. Era una pésima persona. Tanto así, que, mientras me sentía culposo, no paraba de masturbarme rememorando los sucesos de la tarde. Debía poner un punto final a esa situación que se me había ido de las manos. Debía alejarme de esa casa, y, al mismo tiempo, debía buscar la manera de hacer que papá descubra quién era Florencia.
    
    Eran las tres de la mañana, cuando me decía todas estas mentiras. Fue entonces cuando se abrió la puerta de mi habitación.
    
    La luz se encendió. Era Florencia. Llevaba un body negro con transparencias.
    
    – ¿Qué haces? ¿Estás loca?
    
    – No te preocupes, tu papi duerme como un bebé. – se subió a la cama y comenzó a gatear hacia mí.
    
    – Vos me ...
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