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Antonio el camionero se folla a la Jessi
Fecha: 04/02/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... Antonio volviera a cruzar la puerta de la habitación donde le esperaba la hija, el padre se acercó un poco más, bajando la voz a un murmullo cómplice, casi como si confesara una travesura: —Si consigo sacar a la parienta de casa un rato… igual me paso a echar un vistacillo, ¿eh? Sin molestar, solo pa’ ver el arte con el que te la follas. Pa’ aprender, más que nada. Antonio se volvió con media sonrisa canalla, mostrando una muela de oro entre la barba rala. Le dio una palmadita en el hombro, de esas que suenan huecas y sinceras, y soltó una risa ronca, como un trueno seco de verano. —Tú vente cuando quieras, paisano. Aquí no se esconde na’. Así ves cómo se doma a una potrilla de las buenas. Que una cosa es oírlo y otra es verlo con la polla en la mano. El padre asintió con una mezcla de respeto y admiración, casi emocionado. —Es que no es lo mismo, claro. Vosotros los camioneros tenéis ese temple... esa manera de llevar la polla, como si fuera una herramienta de trabajo. Se nota que sabéis lo que hacéis. Antonio se encogió de hombros, echando tripa con orgullo. —Hombre, con esta manguera y un poco de maña… cualquiera remueve entrañas a gusto. Y sin más, abrió la puerta del cuarto con el dorso de la mano y entró con esa autoridad chulesca de quien sabe que le están esperando abiertas de piernas. Detrás, en el pasillo, el padre se quedó unos segundos en silencio, escuchando el leve crujir del colchón y el rumor húmedo de lo que se avecinaba. Y sonrió. ...
... Orgulloso, sí, pero también cachondo. Como quien ha hecho las cosas bien. Antonio se había quitado la camiseta y estaba ya completamente desnudo entre las piernas de Jessi, que reposaba sobre la cama con el busto incorporado, apoyada en los codos, mirándole con esa mezcla de descaro y respeto que se tiene por las fuerzas de la naturaleza. La luz amarillenta de la lamparita de la mesilla le marcaba las curvas juveniles, la piel tersa, el vientre plano. Apenas una veinteañera, con el cuerpo menudo y suave como un pastelito de confitería, contrastando brutalmente con el volumen del camionero, ese mastodonte cincuentón, con la espalda ancha como una encimera de mármol y el torso cubierto de vello negro y rizado como la crin de un mulo viejo. Antonio se llevó una mano a una de las tetas de la chica, la que se le antojó más carnosa, y empezó a magrearla con rudeza, pellizcando el pezón entre los dedos como quien prueba si una uva está madura. Jessi soltó un gemido corto, casi nasal, mientras se retorcía ligeramente bajo su agarre. Con la otra mano, Antonio se toqueteaba la polla, que aún colgaba semiblanda después de la mamada, dándole sacudidas cortas y rítmicas, notando cómo iba creciendo de nuevo, palpitándole entre los dedos como una víbora despertando de la siesta. Se la sobaba con calma, como quien engrasa un arma antes del disparo, notando cómo ganaba grosor y peso con cada segundo. —Hostia… ya se está poniendo guapa otra vez —murmuró con media sonrisa torcida, ...