1. Antonio el camionero se folla a la Jessi


    Fecha: 04/02/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... entre sus dedos como si le metieran aire a presión. Ella carraspeó, nerviosa, tragando saliva mientras la veía alzarse con una pesadez obscena. El rabo de Antonio crecía como un tronco húmedo, moreno y reluciente, y por un momento se le nubló la cabeza al imaginar cómo su hija podía meterse algo así entre pecho y espalda sin descolocarse las amígdalas.
    
    —Madre del amor hermoso… —murmuró casi sin querer, ruborizándose mientras con las yemas de los dedos le retiraba con delicadeza la piel que cubría el glande—. Esta parte hay que dejarla bien limpita… Aquí se acumula toda la guarrería de los hombres. Todo lo que no sueltan por los sobacos y el culo, lo llevan aquí guardado como en un trastero.
    
    Y dicho eso, se aplicó con esmero, dándole pasadas lentas y concienzudas al capullo brillante, como quien pule una medalla militar, con la boca un poco abierta y las cejas fruncidas, concentrada como una señora mayor limpiando plata para la comunión del nieto. La polla de Antonio se erguía del todo, desafiante, como diciendo: aquí no se limpia, aquí se rinde culto.
    
    Antonio, con la risa ya agazapada en la garganta, se inclinó un poco, mirándola desde arriba con esos ojos medio cerrados de toro viejo satisfecho, y soltó:
    
    —Déjalo ya, mujer… que si queda algo de guarrería por ahí, ya acabará de lavarlo tu hija con la lengua, que pa’ eso tiene buen buche la muchacha.
    
    La frase cayó como una pedrada en una pila de platos. La mujer parpadeó, carraspeó de nuevo y se quedó un ...
    ... segundo quieta con el rabo en la mano, sin saber si reír, echarse a llorar o darle una colleja al camionero. Le temblaban un poco las comisuras de los labios, entre escandalizada y medio orgullosa, como si aquel comentario fuese una guarrada… pero también una medalla para la familia.
    
    —¡Antonio, por Dios bendito…! —dijo al final, medio riéndose, medio dándole un toquecito en la ingle con la punta de los dedos, como quien reprende a un perro travieso pero simpático.
    
    Mientras tanto, la hija, que escuchaba desde el rincón con las mejillas como tomates y las piernas apretadas, soltó una risita nerviosa, llevándose una mano a la cara.
    
    —Ay, qué vergüenza… Otro como Martín, tampoco tiene filtro —murmuró, aunque por dentro se removía como una olla a presión.
    
    Antonio se echó hacia atrás, panza en alto, la polla aún empapada y dura como una herramienta bien engrasada, y soltó un gruñido satisfecho:
    
    —Filtro no… pero lo que tengo es una buena tranca. Y eso, hija, se agradece más que mil palabras bonitas.
    
    El glande de Antonio se puso aún más gordo y palpitante con las friegas, hasta que la madre le dio un toquecito con la toallita, satisfecha.
    
    —Ale, ya está. Ahora sí puedes empotrar con garantías. Aquí damos servicio completo —dijo Mari Carmen mientras se incorporaba, tirando la toallita húmeda al cubo con la autoridad de una veterana en mil batallas.
    
    Antonio le lanzó una mirada de respeto absoluto, con la polla todavía reluciente y tiesa, apuntándola como un banderín de ...
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