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Antonio el camionero se folla a la Jessi
Fecha: 04/02/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... feria. —Mari Carmen… eres una institución. Esto no lo hacen ni en los clubes caros de carretera. Te voy a poner una reseña de cinco estrellas con fotopolla. Ella soltó una risita con deje de fumadora y, sin previo aviso, se agachó de nuevo con una agilidad que no se le presuponía a su edad. Sin mediar palabra, se llevó el glande de Antonio a la boca como quien remata el trabajo por pura vocación. Lo rodeó con los labios, lentos pero firmes, y le dio una mamadita húmeda, corta pero certera, como una cata profesional. —¡Mamá! —chilló Jessi, medio tapándose los ojos pero espiando entre los dedos como una niña viendo una peli de miedo—. ¿Pero tú estás loca o qué? Mari Carmen se levantó tan pancha, limpiándose la comisura con el dorso de la mano, y sin perder la compostura le respondió a su hija: —¡Una no es de piedra, hija! Que un rabo tan hermoso no se ve todos los días. Además, sólo ha sido una chupadita. Un detallito. Como quien prueba el alioli antes de servirlo. Antonio, con los ojos como platos y la risa saliéndole entre bufidos, se agarraba la cadera con una mano mientras con la otra sujetaba la base de su rabo, aún palpitante. —Hostias… esto lo cuento en el bar y no me creen. ¡Qué arte tienes, Mari Carmen! ¡Qué arte! Y mientras Jessi bufaba como buena adolescente ofendida, su madre le guiñó un ojo a Antonio, como diciendo: si me pillas sin casar, te dejo seco y sonriendo. Luego se limpió las manos en la bata a la altura de las caderas, como si ...
... acabara de desinfectarse tras una operación complicada, y salió de la habitación con la dignidad de una enfermera de guerra. Ni se giró, pero se le notaba en la espalda esa mezcla de pudor satisfecho y cachondeo maternal. Antonio, en cuanto se quedaron solos, miró a la muchacha con media sonrisa torcida y esa chispa guarra que se le encendía en los ojos cuando algo le gustaba más de la cuenta. Chasqueó la lengua, señalándose el rabo con un gesto de barbilla, y dijo: —Venga, bonita. Ahora te toca a ti sacarle más brillo… pero con la boca. A ver si apruebas con nota, que tu vieja te ha dejado el listón bien alto. La chica, que no sabías si estaba más roja por el morbo o por la vergüenza, asintió con un leve movimiento de cabeza, y se arrodilló entre las piernas del camionero como si fuera a rezar, pero con los labios humedecidos y los ojos clavados en esa herramienta morena que parecía desafiarla. La agarró con ambas manos, midiendo su grosor con una mezcla de miedo y fascinación. No era tan larga como la de aquel tal Martín, de eso se acordaba… pero era más gruesa. Rotunda. Compacta. Como una barra de pan gallego. Y caliente. Mucho. Le costaba rodearla con los dedos, y más aún metérsela en la boca, donde apenas cabía más allá del jugoso glande, que le llenaba la lengua como una ciruela pelada. Antonio se dejó hacer de pie, con los pies abiertos y los brazos cruzados sobre su barriga peluda, mirándola desde arriba con aire de cacique satisfecho, deleitándose con la ...