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Unos vecinos influencers 6. EL REGALO QUE NADIE
Fecha: 07/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos
... convierte en hombro. Mi mujer rió. Demasiado alto. Demasiado rojo. Teddy la soltó con una palmada en el culo —sí, en el maldito culo— que Clara disimuló frotándose la falda como si solo fuera un golpe de suerte. Lucy mordió su labio inferior. Alex tosió. Y Clara… Clara seguía sonriendo. Como si ese manoseo y ese susurro fueran solo… nada. Lucy y Clara se acercaron para el beso de despedida, un baile de labios que observé con ojos de halcón. Primer beso (derecha): Las mejillas de Lucy rozaron el rubor natural de Clara, sus pechos presionando levemente contra el torso de la otra. Demasiado cerca para ser casual el segundo beso (izquierda): Lucy aprovechó para susurrar algo que hizo reír a Clara, sus dientes blancos mordiendo el labio inferior después. ¿Un secreto? ¿Una provocación? Teddy se acercó entonces, su mano grande y bronceada extendiéndose hacia la mía con esa seguridad de quien ya ha ganado. Fue un apretón de manos demasiado fuerte, demasiado largo. Sus nudillos rozaron mi palma de un modo que no era amistoso. Una caricia disfrazada de cortesía. —¿Qué le has dicho a mi mujer?—le espeté, tirando de su mano para acercarlo. Él se inclinó y me susurro al oído: —¿A quién? ¿A la dueña de los balones?—una risa baja, gutural—. Solo le pedí que se pusiera mañana un vestido con más escote… aunque lo difícil será encontrar uno que enseñe más de lo que ya muestra. Pero que lo intente. En ese momento pensé : "Este hijo de puta ha visto más de ...
... Clara de lo que debería… ¿O solo juega?" "¿Por qué coño me excita imaginarla eligiendo ropa para él?""Esa sonrisa de Lucy… ¿sabe algo que yo no?" Mientras Teddy se alejaba, luciendo esa sonrisa de depredador satisfecho, una certeza se clavó en mi pecho: Mañana no sería solo una cena. Sería una batalla. Y yo, aunque lo negara, ya estaba disfrutando del juego. Lucy se lanzó contra mí con la ferocidad de una tormenta, sus labios rozando mis mejillas en dos besos que ardieron más de lo debido. —Estás loco—susurró, su voz un suspiro caliente que solo yo podía escuchar—. Tocarme el culo delante de tu mujer, de tu hijo, de mi novio... Pero sus pupilas —negras como el pecado— delataban la verdad. La sentí temblar contra mí, el calor de su cuerpo filtrándose a través de ese vestido que sabía demasiado bien cómo se abría. —¿En serio te quejas?—le dije, rozando su oreja con mis dientes—. Porque juraría que acabas de mojarte por mí... otra vez. Ella contuvo un gemido, sus uñas clavándose en mis brazos cinco lunas rojas que no podría explicar. —Cabrón—jadeó, pero su sonrisa era pura complicidad salvaje. Detrás de nosotros, Clara recogía vasos —¿realmente tan ciega?— y Alex encendía la tele como si no supiese nada. ¿Qué demonios iba a pasar mañana? No me fiaba de Clara. No desde que había reído ese susurro de Teddy. No desde que su vestido parecía diseñado para derretirse bajo la mirada de otro hombre. No me fiaba de Teddy. Porque ese cabrón no pedía ...