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Mi gran amor: Mi hermana
Fecha: 11/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Médico, Fuente: CuentoRelatos
Sin duda alguna, lo prohibido es lo que más nos gusta a todos, o bueno, por lo menos a muchos de nosotros. El querer algo que nos es imposible o por lo menos, muy difícil de obtener, le da ese grado de excitación extra a una situación que por si sola, ya es tremendamente excitante. A mis 20 años de edad, había cultivado los últimos años de mi vida, una pasión verdaderamente enfermiza por mi hermana mayor. Ella era bella de verdad. A sus 22 años, estaba convertida en un verdadero cromo de mujer. Alta, con una personalidad avasalladora, facciones muy finas, senos medianos, una cintura breve, caderas totalmente proporcionadas a su espigado cuerpo y sin duda, las mejores piernas que he visto en mi vida, largas, torneadas con tobillos y pies perfectamente moldeados y desde luego, en conjunto, la mujer mas sexy que podía existir. Si sus medidas no eran perfectas, créanme que estaban muy, pero muy cercanas a serlo. Ella era una obsesión para mí. Mi vida sexual era muy difícil, ya que ninguna mujer, por bella que fuera, me daba la satisfacción al hacerle el amor, que me brindaba el solo masturbarme hasta el cansancio pensando o viendo a escondidas a mi hermana. No pueden imaginarse el suplicio que significaba para mí, verla con ropas minúsculas al estar en casa. Blusas cortas sin brassier, que dejaban ver sus extraordinarios senos coronados con pezones obscuros y duros, y con pequeños pantaloncillos que dejaban admirar sus preciosas extremidades inferiores o algunas ...
... veces, permitiendo observar que portaba un pequeño calzoncito que se perdía entre sus monumentales nalgas. Obviamente, yo le conocía el cuerpo a las mil maravillas. La había espiado infinidad de veces al bañarse, al cambiarse de ropa, al estar plácidamente dormida, pero nunca, me atreví ni siquiera a rozarla o tocarla por el respeto que le guardaba por ser mi hermana, conformándome con colocar una pequeña cámara de vigilancia en la entrada del aire acondicionado de su recámara para observarla mientras dormía. Ella, a pesar de que por su belleza, era tremendamente asediada por hombres de todas las edades, no tenía una pareja estable, ya que dedicaba su tiempo totalmente al estudio, lo que me permitía gozarla visualmente por largos períodos de tiempo. Una noche, al llegar a casa, después de haber estado con mi novia en turno, me dirigí a mi habitación ya que por la hora, todos en casa estaban ya durmiendo. O al menos eso creí yo. Al pasar por la puerta de la recámara de mi hermana, me pareció oír ruidos extraños en el interior. Me había parecido oír un ahogado gemido. Rápidamente, pero sin ruido, entré a mi habitación, que por estar continua a la de ella y en un acto de verdadero deseo enfermizo, desde hacía dos años, había grabado a través de la camarita de video sus salidas del baño totalmente desnudas o el excitante ritual de vestirse, lo que me permitía masturbarme casi diario con su imagen. Al encender el aparato reproductor, lo que mis ojos vieron por poco ...