1. Mi gran amor: Mi hermana


    Fecha: 11/02/2026, Categorías: Incesto Autor: Médico, Fuente: CuentoRelatos

    ... hace que yo me viniera de inmediato. Mi preciosa hermana, se encontraba totalmente desnuda, tumbada bocarriba en su cama, con sus preciosas piernas abiertas y apoyadas en las puntas de sus preciosos pies. Un artefacto de tamaño mediano entraba y salía de su vagina con ritmo acompasado, mientras su otra mano pellizcaba una y otra vez sus erectos pezones.
    
    Su pecho abundantemente sudado, sus reprimidos gemidos, la velocidad con que metía y sacaba el juguete de sus entrañas , el ritmo acompasado de sus caderas, así como la posición de piernas y pies, me hizo llegar a la conclusión de que su rutina masturbatoria tenía ya un buen rato de duración y que estaba gozando hasta el cansancio..
    
    Mi erección era tremenda. Sin pensarlo, saqué mi parado miembro de entre mis ropas empezando a masturbarme placenteramente, sin darme cuenta por mi estado de excitación, que estaba yo grabando esa deliciosa imagen que hizo me viniera salvajemente.
    
    Todavía tardó un buen rato en terminar de disfrutarse, viniéndose una y otra vez. Al quedarse dormida totalmente agotada y relajada, fue cuando me di cuenta, que en un videocasete tenía yo una verdadera joya de la pornografía.
    
    No dormí el resto de la noche. Me masturbé de nuevo gozando la película que involuntariamente había grabado, y pensando lo delicioso que hubiera sido entrar a esa habitación en ese momento.
    
    A la mañana siguiente, yo desayunaba tranquilo cuando apareció ella en la cocina, vistiendo una ligera pijama de dos piezas, que ...
    ... aunque de mangas y pantalón largo, por lo delgado de la tela, dejaba adivinar que no tenía absolutamente nada debajo de la ropa.
    
    Viéndola moverse mientras preparaba sus alimentos, recordé lo que esa finura había hecho unas horas atrás y mi excitación empezó a tomar forma de nuevo.
    
    Después de tantos años de deseo reprimido, tenía yo alguna forma real de poder dominarla.
    
    Ella, con su comportamiento habitual, se sentó a desayunar frente a mí, platicando de trivialidades cotidianas. Estábamos solos. Todos ya habían salido de casa, lo que de pronto sin pensar lo solté:
    
    –Es delicioso masturbarse, ¿verdad?
    
    El alimento se atoró en su garganta y abriendo los ojos con verdadera sorpresa preguntó:
    
    –¿Que dices? No entiendo a qué te refieres.
    
    –Mira -le dije- claro que sabes. ¿Es necesario que te relate a fondo lo que hacías ayer por la noche?
    
    –¡Yo no hice nada! -me gritó verdaderamente molesta al tiempo que se levantaba y se encaminaba de nuevo a su habitación.
    
    Yo también me fui a la mía, convencido de que mi plan había fracasado, cuando oí que tocaban a mi puerta.
    
    –¿Por qué me dices eso? -me preguntó al abrir la puerta.
    
    –Pasa -fue todo lo que contesté, sintiéndome de nuevo dueño de la situación, e invitándola a sentarse.
    
    Sin contestar sus preguntas, coloqué la cinta que había grabado la noche anterior, sin dejar de mirarla a los ojos.
    
    Su reacción fue una mezcla de sorpresa y pena. Me recriminaba una y otra vez por haber violado su privacidad, pero ...