1. Capítulo 20: Tarde de amigas


    Fecha: 12/02/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... aplastaban contra los de Carlota con cada pequeño movimiento de sus cuerpos, pezones contra pezones, añadiendo un roce más a la cascada de sensaciones.
    
    Carlota sintió que se derretía. Jamás en su vida se le ocurrió que estar con una chica podría excitarla tanto. Pero ahí estaba, su mejor amiga la estaba llevando al cielo con solo su mano y sus labios. Notó un cosquilleo familiar empezar a crecer en su bajo vientre. Su respiración se volvió más cortita. —Dani… p-para… —murmuró de repente, apartando un poco la mano de la entrepierna de su amiga. Si seguían así, se correría en cuestión de minutos y no quería que acabara tan pronto.
    
    Daniela abrió los ojos, alarmada. —¿Qué pasa? ¿Hice algo mal? —preguntó insegura, aún con sus dedos rozando los pliegues de Carlota, sin atreverse a moverse.
    
    Carlota negó con la cabeza rápidamente y le regaló un piquito tranquilizador en los labios. —No, no… es que… iba a correrme ya… —admitió con una risita nerviosa—. Y quiero más…
    
    Los ojos de Daniela brillaron al escuchar eso. Quiere más. Ella también. Quería saborear todo lo posible de Carlota, de aquello que habían descubierto juntas. Así que sin decir palabra tomó a Carlota de la mano y tiró de ella para llevarla de vuelta a la cama. Carlota la siguió con pasos titubeantes y rodillas flojas por el casi-orgasmo interrumpido, pero completamente dispuesta a todo.
    
    Cuando la parte de atrás de sus piernas chocó con el borde de la cama, Carlota se dejó caer sentada. La habitación ...
    ... estaba iluminada solo por la luz tenue de la tarde filtrándose por la persiana. En esa penumbra íntima, las dos amigas se miraron un instante, admirándose. Daniela dejó caer la toalla que aún colgaba de su cintura, quedando desnuda por completo ante Carlota, quien seguía en la misma condición. Ninguna parecía tímida ya; la lujuria había vencido cualquier pudor inicial.
    
    Carlota recorrió con sus manos los muslos de Daniela, suaves y carnosos, y luego las posó en sus caderas anchas. La atrajo hacia sí, pegando la cara a su vientre. Depositó un beso espontáneo justo encima del ombligo de Daniela, haciendo que esta se estremeciera. Le fascinaba la diferencia: ella menuda y estilizada, Daniela alta, curvilínea y voluptuosa. Sus labios siguieron un camino descendente, besando la cadera, luego la parte baja del vientre…
    
    —Ay… Carlota… —suspiró Daniela, hundiendo las uñas con dulzura en los hombros de su amiga, anticipando adónde se dirigía esa boca. Su corazón dio un vuelco cuando Carlota se arrodilló en el suelo alfombrado, situando el rostro a la altura de su entrepierna. La agarró de los muslos, incitándola a apoyar una rodilla en la cama para mayor equilibrio. Daniela obedeció, abriendo las piernas frente a Carlota, exponiendo sin recato su sexo empapado que palpitaba por atención. Se mordió el labio con fuerza; jamás se había sentido tan vulnerable y a la vez tan excitada.
    
    Carlota la contempló de cerca, hechizada por la visión de la vulva de Daniela: los labios íntimos, ...
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