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Unos vecinos influencers 7. LA CENA
Fecha: 16/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos
CAPÍTULO 7 LA CENA " Lo más peligroso no es el miedo... es que, en algún lugar oscuro de mi mente, estoy deseando que todo salte por los aires. Que alguien —quizás yo mismo— rompa las reglas. Que el wasabi no sea lo único que nos haga arder esta noche." El teléfono vibraba sobre mi escritorio en el banco, interrumpiendo el monótono ritmo de números y pantallas. Teddy. El nombre parpadeó como una advertencia en rojo. Respiré hondo antes de deslizar el dedo. —¿Qué querrá ahora? —murmuré para mis adentros, imaginando mil excusas para no atenderle. —Armando, mon ami —su voz era seda sobre acero—. Vente a casa. Estoy aburrido como una ostra en misa y necesito alguien que aprecie una buena cerveza belga antes de la cena. Y tengo… muchas ganas de cenar. El énfasis en "cenar" no pasó desapercibido. Era grueso, cargado de intención. —Teddy, hay gente que trabaja —contesté, fingiendo exasperación—. No todos vivimos de fotos en yates y fiestas de influencers. Su risa, profunda y autosuficiente, resonó en el auricular. —Te compro el día, banquero. ¿Cuánto vale tu aburrida jornada? El reto estaba servido. —300 euros —solté, seguro de que se echaría atrás—. Y no regateo. El silencio duró exactamente tres segundos. Luego, mi móvil vibró. Bizum recibido: 300€. —Joder —murmuré, mirando la pantalla. —Eso es caro? —su voz goteaba satisfacción—. La cerveza está bien fría. Y tengo algo más que… entretendrá esa lengua afilada. El último comentario me ...
... erizó la piel. —Vale, cabrón —cedí, guardando los documentos—. Pero que sea una Westvleteren XII. Y que esté helada. —Sólo lo mejor para el marido de la dueña de los balones—respondió, colgando antes de que pudiera replicar. En el coche, los pensamientos se me amontonaban ¿Por qué me llama ahora? ¿Qué quiere en realidad? ¿Y por qué coño mi pulso se acelera al pensar en esa cerveza… y en lo que pueda venir después? El trayecto fue corto. Demasiado. Y cuando el coche se detuvo frente a su casa, una figura alta y familiar asomó en la puerta. Teddy. Con dos botellas en mano y una sonrisa que prometía mucho más que alcohol. —Hora de jugar, banquero —murmuré para mí, ajustándome la corbata antes de cruzar la verja. Algo me decía que los 300 euros eran sólo el principio. El portón de la casa de Teddy chirrió al abrirse, como si protestara por mi presencia. El jardín, impecable y demasiado silencioso, olía a hierba recién cortada. Teddy esperaba en el umbral, descalzo, los vaqueros bajados lo justo para mostrar el vello dorado de su abdomen. En una mano, dos botellas de cerveza belga escarchadas. En la otra, un hielo que se derretía entre sus dedos, gotas cayendo sobre el suelo de mármol como pequeños recordatorios de que el tiempo corría. —Puntual como un reloj suizo —dijo, mordiendo la palabra "suizo" como si fuera un insulto privado—. Pasa, banquero. Antes de que el hielo se convierta en nostalgia. Crucé la puerta se escuchaba música de jazz baja y el ...