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Unos vecinos influencers 7. LA CENA
Fecha: 16/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: LuzOscura90, Fuente: TodoRelatos
... premio? Preguntó con ganas de saber que ganaría. El que pierde... cede una foto para siempre. No de esas que se enseñan y se borran, no. Una foto real de su chica en bikini... La sonrisa de Teddy creció lentamente, como un tigre al ver saltar al antílope. —Joder, Armando —susurró, lamiéndose los labios—. Pensé que solo eras bueno con los números. En mi cabeza, las voces chocaban, "Esto es una locura. "Clara podría matarme.""...¿Y si a ella también le excita el juego?" —Joder, Armando —dijo, arrastrando las palabras como si las saboreara—, si sabes que me muero de ganas de tener una foto de esas de tu mujer. Se inclinó hacia adelante, los codos apoyados en las rodillas, la camisa entreabierta dejando ver esos malditos abdominales que siempre parecía recién salida de un anuncio de colonia. —Tú mismo me dijiste que usaba bikinis pequeños... tan pequeños que apenas cubren lo importante. —Una sonrisa lenta, obscena, se extendió por su rostro—. Y tu hijo... ah, ese cabroncito me dio a entender que ver a Clara en la playa es todo un espectáculo. Hizo una pausa, dejando que las imágenes flotaran entre nosotros como humo de cigarrillo. —Yo solo de imaginármela... —susurró, pasando la lengua por el labio inferior—, con ese cuerpazo suyo apretado en dos trozos de tela, el agua resbalando por ese escote que parece sacado de un sueño... flipo, tío. Flipo. —Así que sí, banquero. Si pierdes... esa foto será mía. Y no la guardaré en un cajón. —Su mirada se ...
... oscureció—. La enmarcaré. El porro apareció entre los dedos de Teddy como una extensión natural de su arrogancia, el papel dorado brillando bajo la luz tenue del salón. Lo encendió con un gesto experto, la llama reflejándose en sus ojos verdes antes de ofrecérmelo. —Nos vendrá bien a los dos estar relajados esta noche —murmuró, la voz ronca como el roce de un dedo sobre seda negra. No dudé ni un segundo. Lo cogí tan rápido que nuestros dedos rozaron, y él soltó una risa baja al notar mi urgencia. —Vaya, alguien estaba deseando escapar de la sobriedad —comentó, mientras yo llevaba el porro a mis labios. La primera calada fue un incendio lento. El humo me llenó los pulmones, espeso y dulzón, arrastrando consigo todas las tensiones del día. El mundo se suavizó en los bordes, los colores se volvieron más intensos, y por un instante, todo—las dudas, los celos, el juego peligroso— pareció flotar fuera de mí. Teddy observaba, esa sonrisa de depredador siempre presente, mientras exhalaba el humo directamente hacia mi cara. El gesto era un desafío, una invasión. Y me encantó. —¿Qué se siente? —preguntó, arrebatándome el porro de los dedos con un movimiento fluido. Le arrebaté el porro de vuelta, nuestros dedos enredándose en una lucha tácita. —Se siente... como si finalmente estuvieras haciendo algo bien —contesté, exhalando el humo hacia él esta vez, marcando territorio. Teddy rió, bajando la mirada hacia mis labios antes de responder: —Entonces ...