1. Albast.Capítulo 24


    Fecha: 16/02/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Alex Blame, Fuente: TodoRelatos

    ... circunstancias.
    
    Gerhard no pudo evitar un gesto de contrariedad. Otro callejón sin salida... Fue entonces cuando a la mujer se le iluminó la cara al recordar algo.
    
    —Pero, si lo que le interesa es si tuvo algún contacto con extranjeros... recuerdo... Sí. Fue como una semana después. Los vi en una terraza del Tiergarten, cerca del Zoo. Me llamó la atención verla con un hombre y me alegré por ella. Se la veía muy triste. No es que estuviese precisamente riendo, pero era algo.
    
    —¿Y qué tenía de particular aquel hombre?
    
    —Cómo usted dice. Era un americano... de la embajada.
    
    —¿Lo conocía?
    
    —Muy poco. Tenía un cargo menor. Douglas Nosequé. No soy buena para los apellidos ingleses.
    
    —¿Sabes a qué se dedicaba en la embajada?
    
    —Ni idea, solo sé que acudía a todos los saraos. Guapo, bien educado, simpático. Tenía éxito con las mujeres, pero no solía repetir con ninguna. Sin embargo, le vi con Hilde dos veces. Luego fue lo de Pearl Harbour y se acabó. ¿Por qué está tan interesado? Acaso piensa que Hilde es una ... —al fin la vieja estaba uniendo las piezas del puzle y soltó una risa seca— No se me ocurre nadie más inapropiado. Hasta la muerte de su marido eran la perfecta familia nacionalsocialista. Lástima que no pudiesen tener hijos. —continuó pensativa.
    
    —En sus citas. —siguió Gerhard con sus preguntas, ignorando los comentarios de la vieja— ¿Parecían nerviosos o tenían alguna actitud esquiva?
    
    —La verdad es que ese café no estaba muy concurrido las dos veces ...
    ... que coincidimos. Pero aparte de eso, no parecieron muy incómodos al verme. Incluso me saludaron. —respondió Gunilla.
    
    —¿Se acuerda del nombre del café?
    
    —No recuerdo exactamente, pero no le serviría de nada. Toda la calle resultó arrasada en un bombardeo hace seis meses. Los dueños y casi todos los que lo frecuentaban se refugiaron en el sótano del café... no sobrevivió nadie. —respondió la mujer con gesto agriado— Lo siento, pero es todo lo que sé.
    
    —Bueno, es más de lo que tenía esta mañana. —comentó Gerhard mientras terminaba de tomar notas en su libreta— Muchas gracias, Frau von Hofer. —dijo levantándose de la silla.
    
    —¿No sé queda? El ossobuco es una delicia.
    
    —Tengo trabajo. —replicó secamente.
    
    El Kriminalkommissar salió de allí tan rápido como pudo. Todos aquellos parásitos, comiendo como cerdos, mientras la gente hurgaba, por encima de ellos, entre las ruinas de sus casas, buscando algo que llevarse a la boca... Cuando la guerra terminase, arreglaría cuentas con aquellos cerdos. Seguro que sí.
    
    —¡Estos resultados son excelentes! —exclamó Von Hula repasando el informe de Hilde— Era justo lo que estábamos buscando. Según los datos que has recogido, esta cepa tiene una morbilidad de más del noventa y siete por ciento y la mortalidad no llega al cinco por ciento. Y además los síntomas son espectaculares. Náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, fiebre alta y hasta delirios y convulsiones. ¿Cuánto crees que duraría todo el proceso?
    
    —Desde los primeros ...
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