1. El día que me partí en dos


    Fecha: 19/02/2026, Categorías: Confesiones Autor: chocolatextra, Fuente: TodoRelatos

    ... liviana… Y yo lo amaba.
    
    Lo amaba sin saber que habría un fin.
    
    Volví al presente cuando el celular vibró.
    
    Un mensaje.
    
    Del trabajo.
    
    Lo ignoré.
    
    Caminé hasta el baño. Me vi en el espejo.
    
    ¿Esa era yo?
    
    Ojeras. Labios partidos.
    
    El cabello hecho un nido.
    
    Ni una sombra de mí.
    
    Me quité la ropa y me metí a la ducha. El agua estaba fría, como todo desde que él se fue. Me apoyé contra la pared de cerámica y dejé que me resbalara por la espalda. Cerré los ojos. Lo vi.
    
    Otro recuerdo.
    
    Europa.
    
    Una terraza pequeña en Madrid, con dos tazas de zumo de naranja y un cielo gris.
    
    Rafa se reía porque no le animaba nada del menú.
    
    —Pidamos lo más raro, a ver si sobrevivimos —dijo.
    
    Le brillaban los ojos.
    
    Yo estaba tan cansada del viaje que apenas podía sostener la taza. Y él me acarició el muslo por debajo de la mesa.
    
    —Lo bueno es que aprendimos a amarnos mejor después de habernos roto —me susurró.
    
    Me quedé callada. Solo le apreté la mano.
    
    Y ahora, en la ducha, repetí esas palabras en voz baja, con los labios temblando.
    
    —Lo bueno es que aprendimos a amarnos mejor después de habernos roto…
    
    Pero ahora estábamos rotos.
    
    Sin redención.
    
    Apagué todas las notificaciones. Silencié grupos. Bloqueé llamadas. Solo respondía algunos mensajes al día. Alguno de Ariam.
    
    “Bella, ¿ya pasaste por los documentos?”
    
    “Sí.”
    
    “¿Actualizaste las cosas del trabajo?”
    
    “Ya lo hice.”
    
    Cero emoticonos.
    
    Cero signos de vida.
    
    Ella no ...
    ... insistía.
    
    Y yo se lo agradecía en silencio. Porque no hubiera sabido qué decirle si lo hacía.
    
    El resto… desaparecieron.
    
    Nadie me preguntó si quería hablar. Nadie tocó la puerta.
    
    Supongo que no sabían cómo hacerlo. Y yo no supe cómo pedirlo.
    
    A veces, cuando el insomnio me derrotaba, abría su carpeta de fotos en la computadora.
    
    Y ahí estaban.
    
    Nosotros.
    
    Una tarde cualquiera en la cocina.
    
    Él cocinando, mientras veía la receta en el teléfono. Yo burlándome de él mientras grababa con el celular. — Deja de grabar, loca.
    
    —Estás cómico.
    
    —Estoy sexy, querrás decir.
    
    Me lanzaba un trozo de zanahoria, y yo fingía indignación.
    
    Nos reíamos por nada.
    
    Después me sentaba en la encimera y él me ponía salsa en la nariz solo para besarme. —Te ves mejor con sabor a pesto, amor.
    
    Cierro el portátil.
    
    No puedo más.
    
    Los días comenzaron a ser todos iguales.
    
    Me despertaba con el pecho vacío.
    
    A veces ni recordaba que él estaba muerto, hasta que miraba su vaso en la mesa.
    
    No pude moverlo.
    
    Nunca.
    
    Era su vaso.
    
    De vidrio, con una grieta pequeña.
    
    Ahora esa grieta era mía también.
    
    Hay días que no distingo en la memoria.
    
    Se me mezclan. Se me escapan.
    
    Pero el día del funeral… ese está en algún lugar, empolvado y confuso, como si no lo hubiera vivido yo.
    
    Recuerdo el olor a flores. Demasiadas flores.
    
    Y todas me daban náuseas.
    
    Nunca pensé que el olor de las flores pudiera doler.
    
    Recuerdo manos tocándome el hombro.
    
    Brazos que ...
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