-
El día que me partí en dos
Fecha: 19/02/2026, Categorías: Confesiones Autor: chocolatextra, Fuente: TodoRelatos
... cuando veo su taza, su silla, sus cosas. La pienso incluso cuando trato de no pensar en nada. Me persigue. A veces me la repito en voz baja. Otras veces la escucho dentro de mí con tanta fuerza que parece que alguien me la gritara. “No debimos discutir…” Esa pelea absurda, esa tontería. La forma en que ambos estábamos tensos por nada. Los egos chocando. Las ganas de tener razón. Por qué, por qué, ¿por qué no me callé y lo abracé? “Y ahora ya no puedo decirle que lo siento.” Nunca más. No hay botón de deshacer. No hay palabra mágica. No hay vuelta atrás. Y eso me desgarra. Más que la noticia, más que el funeral, más que el silencio: esa frase. La culpa de haberlo dejado ir molesto. La certeza de que él murió pensando que yo estaba enojada. Me arrastra hacia abajo. Cada vez que respiro. El trabajo… Ese también se rompió con él. No era solo mío. Yo era la jefa, la que hablaba con todos, la que organizaba los horarios. Pero él era mi otra mitad en eso. Él llevaba todo lo que yo no hacía: las hojas de cálculo, los pagos, las actualizaciones de plataforma, los informes. Y cada vez que algo se caía o fallaba, él aparecía como si lo supiera antes que yo. —Tranquila, ya lo arreglé —me decía, mientras yo aún no entendía qué estaba pasando. Lo habíamos construido desde cero. Recuerdo cuando me dijo. Él creía en mí. Más que yo. Me empujó a confiar. A crecer. Y ahora... no sé cómo se hace ...
... sin él, si sé, solo no quiero. No lo digo solo desde lo técnico —aunque también—, sino desde el alma. Ahora cada tarea me pesa. Cada reunión es un eco. Cada documento que abro me recuerda que ya no somos un equipo. Y que sin él… lo que queda es solo una fachada. Sigo respondiendo lo mínimo. Coordinando tareas automáticas. Cumpliendo con lo justo. Pero en el fondo… ya no estoy. No estoy. Solo su nombre, su sombra, su ausencia… sostienen lo que yo ya no puedo. Y después estaba Europa. Ese era nuestro otro sueño. Nos veíamos allá definitivamente. En un piso pequeño, con ventanas grandes y mucha luz. Hablábamos de Madrid, de Barcelona, de Paris. Rafa decía que quería vivir en un pueblo pequeño, pero cerca de la capital. Yo le decía que con que estuviéramos juntos, me daba igual el mar o una pensión en la montaña. Habíamos hecho listas. Ideas. Planes sueltos. Un mapa con chinchetas en Google, marcando barrios que nunca pisamos. Pero los sentíamos nuestros. Era nuestro futuro. Nuestro escape. Nuestra forma de cambiar aún para mejor nuestras vidas. Nunca lo formalizamos. Ni papeles, ni trámites. Solo charlas nocturnas, y una frase que repetíamos con ilusión: —“¿Te imaginas tú y yo allá… sin horarios, sin estrés?” —“Sí. Lo imagino todo el tiempo.” Y ahora ya no hay allá. Ni horarios. Ni Rafa. Solo una carpeta vieja, un vaso roto y una ciudad que ya no tiene sentido. Ya no sueño con ...