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El día que me partí en dos
Fecha: 19/02/2026, Categorías: Confesiones Autor: chocolatextra, Fuente: TodoRelatos
... mudarme. Ya no sueño con nada. Estoy enojada con la vida. Con el universo. Con todo. Y no porque lo entienda. No porque haya lógica. Sino porque siento que me arrebataron algo valioso sin razón. Como si alguien hubiera lanzado un dado y eligieron joderme a mí. No lloro tanto por tristeza. Lloro por rabia. Por impotencia. A veces camino por la calle y veo parejas reírse, abrazarse, vivir. Y siento una furia muda, una punzada fría en el pecho. No les deseo nada malo. Solo… no entiendo por qué yo no puedo tener eso también. Pero al mismo tiempo… No siento nada. Estoy vacía. Como si alguien hubiera desenchufado mi alma en la madrugada. Camino, sí. Respondo mensajes. Como algo por obligación. Pero no estoy aquí. Mi cuerpo se mueve, pero yo no vivo. Yo floto en este mundo que ya no me incluye. No siento culpa. No, al menos no de la forma en que otros tal vez esperan que la sienta. No me arrepiento de lo que vivimos, de los juegos, de los deseos compartidos, de las noches intensas, de los límites cruzados con confianza. Solo que ya no me reconozco en eso. Es como si todo eso lo hubiera vivido otra versión de mí, una que se fue con él. Una que reía, que deseaba, que se atrevía a vivir sin miedo. Ahora todo eso me parece lejano. Ajeno. Casi… irreal. Como una película que vi hace tiempo. Como una historia que alguien más me contó. La complicidad, las miradas traviesas, las ...
... risas compartida con Ariam, incluso las palabras que dijimos aquella noche… ya no me pertenecen. Me convertí en otra. O tal vez me vacié tanto que ya no siento. Hay un recuerdo que me visita sin avisar. No es espectacular. No hay viajes, ni risas escandalosas, ni sexo apasionado. Solo nosotros dos… un martes cualquiera. Era tarde. Yo tenía estrés y dolor de cabeza. Él había tenido un día de mierda en el trabajo. No hablábamos. No hacía falta. Me tumbé en el sofá con los ojos cerrados. Y él fue a la cocina sin decir nada. Volvió con un vaso y una pastilla para el dolor de cabeza, me la dio y se sentó en el suelo, junto a mí, en silencio. Pasaron como veinte minutos así. Yo en mi dolor, él en el suyo. Pero juntos. —¿Sabes qué es lo mejor? —me dijo sin mirarme. —¿Qué? —Que incluso cuando no estamos bien… aún somos nosotros. Eso éramos. No una pareja de portada. No una historia perfecta. Éramos dos personas cansadas, a veces rotas, que aún elegían quedarse. Y ahora… él no pudo quedarse. Yo me quedé. Con todo esto. Con su lugar en la cama. Con la toalla en el baño. Con el eco de esa frase que me quema cada vez que la recuerdo: “Aún somos nosotros.” Ya no lo somos. Ahora solo soy yo. Y la mitad de algo que ya no existe. 24 de noviembre. Lo vi en la pantalla del celular cuando abrí los ojos. Solo la fecha. Ni una notificación. Ni una llamada. Nada. Me quedé acostada, sin ...