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El día que me partí en dos
Fecha: 19/02/2026, Categorías: Confesiones Autor: chocolatextra, Fuente: TodoRelatos
... intentaban abrazarme. Voces que no entiendo. Frases como “fue muy rápido”, “tan joven”, “no es justo”, “qué dolor”. Todas me perforaban los oídos. Vi su ataúd. Lo vi. Pero no lo creí. Quise abrirlo. Gritar. Decir que se equivocaban. Que era otro Rafa. Otro nombre. Otro cuerpo. Pero no lo hice. Solo me quedé ahí, con las piernas temblando y los dedos crispados. Y cuando dijeron su nombre en voz alta, sentí que me lo arrancaban otra vez. Después… no sé. ¿Volví a casa? ¿Alguien me trajo? No recuerdo. Solo sé que al día siguiente, su cepillo seguía en el baño. Su perfume en el aire. Y yo… no tenía lágrimas. Hay algo peor que perder a alguien. Y es perderlo sin haber terminado en paz. No me deja dormir. Ese último cruce de palabras. La forma en que lo miré con fastidio. El portazo sutil, como si él mismo no quisiera discutir más. No le dije “te amo”. Ni siquiera “cuídate”. Le dije que “siempre salía huyendo” cuando yo intentaba hablar en serio. Y ahora… ¿cómo me explico que esa fue la última frase que escuchó de mí? Sé que no fue culpa mía. Que nadie lo habría imaginado. Pero esa voz interna… no me deja. Me despierta en la madrugada con susurros que parecen cuchillas: “Y si no hubiera discutido…” “Y si le hubiera dado un abrazo…” “Y si solo hubiera dicho ‘te amo’, una última vez…” A veces, de forma involuntaria, recreo esa escena en mi mente. Yo lo detengo en la ...
... puerta. Le tomo la mano. Le digo lo que debía decirle. Y él sonríe. Me besa. Se va. Pero en mi realidad… Él se fue molesto. Y nunca volvió. No lo conocía. Solo sé que me llamó después de colgar con los servicios de emergencia. Había encontrado el número de contacto en el celular de Rafa. Fue... humano. Trató de ser delicado. —Llegamos rápido, pero… fue un impacto muy fuerte. —¿Sufrió? — creo que pregunté, con voz de trapo mojado. —No. Fue inmediato. Él no sintió nada, se lo aseguro. No sé si era verdad. No sé si lo dijo para consolarme. Pero me aferré a esa idea con uñas sangrantes. Me contó que fue en la intersección de la 34 con la 11. Un carro se pasó el semáforo en rojo y lo embistió de lado. Que el conductor estaba borracho. Que ya estaba detenido. Que los testigos estaban dando declaraciones. Yo no escuchaba bien. Solo imaginaba el momento. El sonido de los vidrios. Su cabeza girando bruscamente. Su cuerpo siendo lanzado e impactando contra el pavimento. Su celular sonando con mi nombre en pantalla, sin que él pudiera responder. Me arañé las piernas esa noche. No para hacerme daño. Solo para sentir algo que no fuera el dolor en el pecho. Hay una frase que se ha quedado grabada en mi cabeza. Como si alguien la hubiera tallado con un cuchillo en las paredes de mi mente. “No debimos discutir… y ahora ya no puedo decirle lo siento.” La pienso al despertar. La pienso ...