1. Un viaje para olvidar VIII - De Camino al Lago


    Fecha: 07/03/2026, Categorías: Gays Autor: Thiago Luis da Silva, Fuente: TodoRelatos

    Un viaje para olvidar VIII - De Camino al Lago
    
    El sendero hacia el lago se abría paso entre los pinos, con las ramas altas filtrando el sol de junio de 2025, que caía en manchas doradas sobre nuestros cuerpos desnudos. Éramos un grupo peculiar: todos, menos Roberto Aguilera, llevábamos botas de montaña y calcetines; Roberto iba completamente desnudo, sin siquiera calzado, su polla gruesa balanceándose con cada paso, como si el bosque fuera su escenario. Cada uno cargaba una bolsa o mochila, excepto Sebastián Albies, que caminaba con las manos libres, sus rastas oscilando y su cuerpo fibrado brillando bajo el sudor. Yo, Carlos Guerra, iba unos pasos atrás, con la cabeza dando vueltas, intentando procesar todo lo que había pasado en la casa de piedra: el juego con la venda, las pollas desconocidas, las risas y aplausos de los hombres que salieron de la nada. Raúl Muñoz encabezaba la marcha junto a Alex, mi hermano, mientras Fernando Greciano y yo seguíamos de cerca, con César Parker y Roberto cerrando el grupo, sus cuerpos todavía conectados por la intensidad del momento anterior.
    
    Habíamos dejado atrás la casa de piedra, pero el eco de lo que pasó allí seguía en el aire. César, con esa sonrisa maliciosa que nunca parecía desvanecerse, había propuesto un juego que terminó con él y Roberto enganchados en un espectáculo improvisado. Después de que Sebastián y Fernando me follaran en el musgo, César, todavía jadeando, había sacado un par de arneses de su mochila, ...
    ... lanzándole uno a Roberto con un guiño provocador. —Si quieres que siga, me llevas así —había dicho, ajustándose el arnés con una destreza que dejaba claro que no era la primera vez. Roberto, con su polla ya dura como una roca, no necesitó más invitación. Se untó lubricante de un tubo que sacó de su mochila, enganchó el arnés de César al suyo, y empezó a follárselo con una intensidad que resonaba en el claro. Los gemidos de César, agudos y entrecortados, se mezclaban con las risas de Fernando y Sebastián, que aplaudían como si estuvieran en un circo. Raúl y Alex, enfrascados en su propia conversación, apenas les prestaron atención, pero yo no podía apartar la mirada. Había algo hipnótico en la forma en que César se entregaba, en cómo Roberto lo dominaba con cada embestida, los arneses manteniéndolos unidos como si fueran una sola criatura movida por el deseo.
    
    Ahora, mientras avanzábamos por el sendero, César seguía enganchado al arnés de Roberto, sus cuerpos moviéndose en un ritmo que parecía no tener fin. César caminaba con dificultad, su ojete todavía siendo serruchado por la polla gruesa y dura de Roberto, que no mostraba signos de cansarse. Cada paso era una mezcla de placer y esfuerzo, y César, con esa chispa traviesa en los ojos, parecía disfrutar cada segundo. —Joder, Roberto, vas a desgastarme antes de llegar al lago —dijo entre gemidos, girando la cabeza para mirarlo. Roberto solo gruñó, con una sonrisa satisfecha, y aceleró el ritmo, haciendo que César jadeara más ...
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