1. Un viaje para olvidar VIII - De Camino al Lago


    Fecha: 07/03/2026, Categorías: Gays Autor: Thiago Luis da Silva, Fuente: TodoRelatos

    ... tremenda, esperando que pillaras la indirecta. Y esas veces que jugábamos en el jardín, cuando me caía y me ensuciaba a propósito... era para que me vieras en la ducha después.
    
    Yo no pude evitar interrumpir, frunciendo el ceño. —¿Cuándo coño pasó todo eso? —pregunté, sintiéndome fuera de lugar, como si me hubiera perdido un capítulo entero de mi propia vida.
    
    Alex y Raúl se miraron, y al unísono, como si lo hubieran ensayado, soltaron: —¡Mientras estabas pegado al ordenador haciendo que los Sims follaran! —Estallaron en risas, y la tensión se rompió como si alguien hubiera abierto una ventana. Se miraron a los ojos, y entonces se dieron un morreo profundo, sus lenguas enredándose con un deseo que era más que evidente. No era como el beso en la cabaña; este tenía hambre, historia, años de cosas no dichas.
    
    Mientras tanto, César y Roberto seguían su propio espectáculo. A mitad del sendero, César, con el rostro enrojecido y el cuerpo temblando por las embestidas de Roberto, dijo con voz entrecortada: —Joder, estoy cansado de caminar.
    
    Roberto, con su polla totalmente parada y una mirada cargada de deseo, respondió sin dudar: —Te llevo, pero solo si te portas bien. —La idea claramente lo excitaba, y yo no pude evitar notar cómo su verga palpitaba mientras hablaba. César, con esa chispa traviesa en los ojos, ajustó el arnés, asegurándose de que estuviera bien puesto, y Roberto lo enganchó al suyo con un movimiento experto. El lubricante brillaba en la piel de ambos, y ...
    ... los gemidos de César se volvieron más intensos a medida que Roberto aceleraba el ritmo.
    
    Sebastián, que había estado observando con una mezcla de diversión y calentura, fue hasta la mochila de Raúl y sacó una toalla grande. La extendió sobre una roca lisa y plana, guiñándole un ojo a Roberto. Este entendió al instante. Desenganchó el arnés de César, lo tumbó boca arriba sobre la toalla, y se encaramó encima de él, follándolo con una intensidad brutal. Cada embestida hacía que César jadeara, sus manos aferrándose a la toalla, mientras Roberto gruñía como un animal. Finalmente, Roberto se corrió, llenando el ojete de César con un lefazo denso y caliente. Se inclinó, le dio un morreo rápido, y le susurró: —Ya queda poco para el lago, César. Camina de una vez y deja de inventarte excusas para que te follen.
    
    César, todavía jadeando, no tuvo tiempo de levantarse. Sebastián, con esa energía salvaje suya, se lanzó sobre él apenas Roberto se apartó. Su polla, larga y gruesa, se hundió en el ojete de César con un ritmo animal, sus rastas balanceándose mientras follaba como si quisiera marcarlo para siempre. Los gemidos de César llenaban el aire, pero el resto del grupo apenas les prestaba atención, demasiado centrados en la conversación de Raúl y Alex.
    
    Roberto, ahora desenganchado del arnés, caminó hacia el frente del grupo, su polla todavía húmeda y brillante por el lubricante y el semen. César, con el ojete chorreando, se levantó con dificultad, ajustándose el arnés suelto que ...