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Un viaje para olvidar VIII - De Camino al Lago
Fecha: 07/03/2026, Categorías: Gays Autor: Thiago Luis da Silva, Fuente: TodoRelatos
... colgaba de sus caderas. Sebastián, después de correrse con un bramido que resonó en el bosque, le dio una palmada en el culo a César y le guiñó un ojo. —Venga, pequeño, que ya casi llegamos —dijo, con una sonrisa que era puro fuego. César, con una risa agotada, se unió al grupo, caminando con las piernas algo temblorosas pero con esa sonrisa maliciosa que nunca lo abandonaba. Yo caminaba al lado de Fernando Greciano ahora, que me lanzaba miradas con esos ojos ámbar que parecían ver más de lo que decían. Intenté concentrarme en el sendero, en el sonido del agua que se hacía más fuerte, pero mi cabeza seguía dando vueltas. La confesión de Raúl, la conexión con nuestro padre, la cabaña en el árbol que Alex todavía cuidaba... y esa criatura de la luna llena que no podía sacarme de la mente. El lago estaba cerca, y con cada paso, sentía que nos adentrábamos en algo que iba más allá de un simple paseo. El sendero se abrió de repente, y ahí estaba: el lago. Una extensión de agua cristalina rodeada de pinos altos, con el sol reflejándose en la superficie como si fuera un espejo. El aire era más fresco aquí, con un olor a agua limpia y musgo. Raúl se detuvo, alzando una mano para que el grupo se parara. —Hemos llegado, chicos —dijo, con esa voz suya que siempre parecía esconder algo—. Pero antes de meternos, hay una cosa que tenéis que saber. Todos lo miramos, expectantes. César, todavía jadeando y con el ojete chorreando semen, se había unido al grupo, con Sebastián a su ...
... lado, limpiándose la polla con la toalla. Raúl nos miró a todos, uno por uno, y su sonrisa se volvió más seria. —Este lago tiene una historia —empezó, señalando el agua—. La llaman la leyenda del Polbo Corneo. Una bestia que vive en el fondo, con doce tentáculos de punta roma y ocho ojos que te miran como si pudieran verte el alma. Si te atrapa, te arrastra al fondo, y mientras te ahogas, mete sus tentáculos y sus cuatro falos descomunales por cada orificio que encuentra. Un escalofrío me recorrió la espalda. Miré a Alex, que tenía los ojos fijos en Raúl, pero su expresión no era de miedo, sino de curiosidad. Yo, en cambio, no podía evitar pensar en la criatura que vimos en el bosque, con sus ojos amarillos y esa verga monstruosa. ¿Era esto una broma? ¿Una historia para asustarnos? Yo me acerqué a Alex, que seguía mirando a Raúl con una intensidad que no podía descifrar. —Oye, ¿tú te crees lo del Polbo ese? —le susurré, intentando no sonar tan nervioso como me sentía. Alex se encogió de hombros, pero su sonrisa era más seria de lo normal. —No sé, Carlos. Este sitio siempre ha tenido sus historias. Pero con Raúl aquí, y esta manada de pervertidos... —Miró a César, que se había arrodillado delante de Raul, con su ojete rezumando lefa de las dos folladas más recientes y mamándole la verga. —. Creo que lo que venga, lo vamos a disfrutar. Fernando me dio una palmada, cortando las risas y los gemidos. —Venga, chicos, al agua. Pero cuidado con el Polbo —dijo, guiñándome ...