1. Un viaje para olvidar VIII - De Camino al Lago


    Fecha: 07/03/2026, Categorías: Gays Autor: Thiago Luis da Silva, Fuente: TodoRelatos

    ... fuerte.
    
    Raúl, que iba delante con Alex, giró la cabeza y soltó una risa grave. —César, como sigas así, no vas a tener culo para cuando lleguemos —dijo, con ese tono suyo que mezclaba diversión y autoridad. El grupo entero estalló en risas, incluso yo, aunque mi cabeza seguía atrapada en la intensidad de lo que había pasado y en la sensación de que algo más grande nos esperaba.
    
    Raúl, con su voz cálida y profunda, empezó a contar una historia que captó la atención de todos, incluso de César, que seguía gimiendo suavemente. Habló de cómo conoció a Alex hace veinte años, cuando Alex tenía apenas doce años. Dijo que Felipe Guerra, nuestro padre, y Emilio Muñoz, el suyo, eran inseparables. Salían juntos a cenas con sus esposas, a excursiones por el bosque, o a cosas más... íntimas, sin ellas. Raúl, con unos veinte años entonces, hacía de canguro para nosotros. Yo fruncí el ceño, intentando recordar, pero la verdad es que no tenía ni un puto recuerdo de Raúl en esos días. Claro, en esa época vivía pegado a mis cómics, perdido en mundos de superhéroes, mientras Alex y Raúl se lo pasaban en grande.
    
    —Te llevaba a pescar ranas a las charcas, ¿te acuerdas? —dijo Raúl, dándole un codazo suave a Alex, con una sonrisa que mezclaba nostalgia y picardía—. Trepábamos árboles, jugábamos a la consola hasta que se nos freían los ojos. Joder, incluso te construí una cabaña en un árbol detrás de la casa de tu padre.
    
    Alex se rió, con los ojos brillando. —¡La cabaña sigue en pie, ...
    ... cabrón! Cada año la arreglo un poco, la amplío. Pensaba que algún día, si tengo hijos con... —Se le cortó la voz, y su cara cambió, como si un recuerdo le hubiera dado un puñetazo. El aire se puso pesado, y yo sentí un nudo en el pecho. Quise acercarme, abrazarlo, pero Raúl fue más rápido.
    
    Raúl lo envolvió en un abrazo fuerte, sus cuerpos desnudos pegándose, sus pollas chocando con un roce que era imposible ignorar. Raúl lo miró a los ojos, con una ternura que contrastaba con su cuerpo de leñador, y lo besó en los labios, un beso lento, casi dulce. —Te has convertido en un hombre grande y fuerte, Alex —dijo, su voz baja, cargada de algo más que nostalgia—. Siempre supe que serías un buen hombre. Hablaba con Felipe por teléfono, ¿sabes? Nunca perdimos el contacto.
    
    Alex lo miró, con los ojos vidriosos, pero no dijo nada. Raúl siguió, su voz bajando aún más, como si estuviera confesando algo que llevaba años guardándose. —Cuando llegaste a los dieciocho, Alex, joder... me volviste loco. Ya tenía veintiséis, y sentía algo por ti. Te amaba, pero también te deseaba. Me dio miedo, ¿sabes? Miedo de que no sintieras lo mismo, de joderlo todo. Así que me alejé, poco a poco.
    
    Alex soltó una risa amarga, sacudiendo la cabeza. —Cabrón, ¿sabes cuántas veces intenté que te fijaras en mí? —dijo, con una chispa de desafío en los ojos—. No fue casualidad que me encontraras desnudo el día de mi puto cumpleaños, Raúl. Te dije que era “lento vistiéndome”, pero me estaba haciendo una paja ...
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