1. Mi relación con Eusebio (1)


    Fecha: 14/03/2026, Categorías: Gays Autor: Eunoia, Fuente: CuentoRelatos

    ... olor y lo grumoso de la leche de Eusebio eran similares a los míos propios. La leche estaba caliente, y había mojado todo el pantalón, hasta el vello de su pubis. Me percaté de que algunos grumos habían salpicado mi polo y que también sobre el vello de su muslo había dos grandes salpicones.
    
    Eusebio recuperó la respiración normal. Yo estaba excitadísimo. Me había bajado completamente el pantaloncito y me agarraba la polla con una mano. Veía mis testículos hinchados, peludos y los acariciaba jugando con las bolas apretadas contra el escroto. Verme a mí mismo manipulando mis genitales siempre me hacía hecho arder de deseo. «¿Me dejas a mí?» Eusebio estaba arrodillado a mi lado, observando mis juegos sexuales. Retiré mis manos. El falo permaneció tieso, erguido, con la piel roja y el capullo morado.
    
    Los dedos de Eusebio recogieron en su mano mis pelotas y las acarició con la maestría de quien conoce la delicadeza que requieren los huevos masculinos. Y entonces…
    
    Llevó su boca a mí miembro y lo besó, lo lamió varias veces, con pases lentos y precisos. Mi polla se movía con golpecitos cortos, en el aire, frente a su boca, ante su mirada. Entonces se la metió dentro y empezó a chuparla con una delicadeza que Marta nunca había tenido. Su boca se hundía en el mástil y volvía a subir. Un reguero de saliva resbalaba hacia mis cojones. Tuve que cerrar los ojos mientras me estremecía de placer y jadeaba intensamente. «Así», decía Eusebio, relamiéndose los labios con gotas de ...
    ... saliva en ellos. «¿Quieres más…, otra vez?» Respondí con un gemido y llevando mis manos a su cabeza; la empujé hacía mi verga. «Te gusta, ¿verdad? Nunca te habían hecho una mamada igual».
    
    Eusebio se inclinó y empezó a hacerme una fellatio completa, rápida, casi furiosa hasta que descargué potentes golpes de leche en su boca. Él succionaba, apretando mi carne entre su paladar y su lengua. Me corrí intensamente y estaba sudoroso. El seguía con mi órgano en la boca. Cuando terminé de eyacular soltó la verga ya más floja y expulsó mi leche a un lado. Había tenido un orgasmo intenso y potente: dejó salir de boca una gran cantidad de semen. Unos pequeños chorritos quedaban en la superficie de sus labios, pero esta vez los recogió y los tragó.
    
    «¿Tenias ganas de que te lo hiciera, eh?» «Tú también», respondí. Nos quedamos callados, como ausentes. Hasta que reaccioné y le dije «Tenemos que volver, las chicas están esperando». Le miré y le pregunté: «¿Tú? crees que… notarán algo?» Eusebio se subió los pantalones y se guardó el miembro ya en total flacidez (no sé porqué, pero me pareció muy atractivo así, pequeño y cansado, casi sentía ternura por aquel sexo que había tenido entre mis dedos erguido, duro, tenso y deseoso de descargar su viscosidad en mi mano…, o quizá mejor, otro día, en la cavidad succionadora de mi boca; yo sabía ahora que con unas pocas caricias, volvería a empinársele y descargaría gustosamente el esperma que le quedaba en los genitales).
    
    Con una carcajada ...
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