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Obsesión (1)
Fecha: 16/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos
En el año 2016, Santiago, un joven de 18 años con el alma encendida por la pasión de las palabras, comenzaba a destacar como escritor editorial, sus textos estaban cargados con una intensidad que apenas contenía su juventud. Pero su mundo, tan cuidadosamente construido con letras y sueños, se tambaleó una noche de verano en la colonia Roma, cuando acudió a la fiesta de Andrea, su vecina de toda la vida, una estudiante de psicología de la misma edad cuya presencia era como un relámpago en su corazón. La casa de Andrea vibraba con risas, el tintineo de vasos de tequila y el ritmo pulsante de la música de reggaetón que llenaba el aire. Las luces tenues pintaban sombras danzantes en las paredes, y en medio de la multitud, los ojos de Santiago encontraron los de Andrea, un café almendra que brillaba con una chispa traviesa, una promesa de algo prohibido. Ella era un espectáculo, con un cuerpo despampanante a pesar de su juventud, una diosa que parecía esculpida para tentar. Su blusa ajustada, de un rojo ardiente, abrazaba sus pechos voluptuosos, sus pezones se insinuaban bajo la tela, desafiando las leyes de la física con su firmeza. Sus jeans estaban ceñidos a su piel, delineaban sus nalgas redondas, firmes, que se movían con cada paso al ritmo de la música, un vaivén hipnótico que hacía que los hombres en la sala tragaran saliva y las mujeres la miraran con envidia. Santiago, con una cerveza en la mano, no podía apartar la vista, su pene se endurecía bajo sus ...
... pantalones, su respiración era agitada mientras ella bailaba, con aquellas caderas bien formadas, su cabello castaño caía en sus hombros, brillando bajo las luces de la fiesta. —Santi, ¿no vas a bailar? —preguntó Andrea, acercándose con una sonrisa coqueta, su voz era suave pero cargada de una provocación que le aceleró el pulso. —No soy tan bueno como tú —respondió Santiago, su voz temblaba ligeramente, sus ojos recorrían el contorno de sus curvas, deteniéndose en el escote que dejaba entrever la piel cremosa de sus pechos. Ella sonrió, era puro fuego, y lo tomó de la mano, llevándolo al centro de la pista. —Vamos, escritor, muéstrame lo que tienes —susurró, su aliento cálido rozó su oído, enviando escalofríos por su espalda. Bailaron por varios minutos, sus cuerpos se acercaban más de lo que la amistad permitía, sus caderas lo rozaban, el calor de su piel traspasando la tela. Cada movimiento de Andrea era una tortura exquisita, sus nalgas tocando su entrepierna, su perfume exquisito lo envolvía, su risa era como una melodía que lo atrapaba. La química entre ellos era innegable, un cable eléctrico chispeando bajo la superficie, y cuando sus ojos se cruzaron de nuevo, el mundo pareció desvanecerse, dejando solo el latido de sus corazones y el deseo que rugía en sus venas. —Ven conmigo —dijo Andrea, con un susurro, mientras lo guiaba hacia el balcón, lejos de la multitud, donde la luz plateada de la luna bañaba todo en un resplandor etéreo. En el balcón, el aire fresco ...