1. Obsesión (1)


    Fecha: 16/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos

    ... de la noche contrastaba con el calor de sus cuerpos. Andrea se apoyó en la barandilla, sus nalgas eran resaltadas por sus jeans, su blusa estaba tensa contra sus pechos, parecía que quería reventar, y Santiago sintió su pene palpitar, su deseo estaba al borde de estallar. Se acercó, sus manos temblaban, y sus labios se encontraron en un beso apasionado, profundo, sus lenguas se enredaban con una urgencia que era puro vicio. El sabor de sus labios, dulce con un toque de tequila, lo enloqueció, y sus manos, tímidas al principio, rozaron su cintura, sintiendo la calidez de su piel bajo la tela.
    
    —Santi, ¿qué haces? —gimió Andrea, pero su voz no era de reproche, sino de entrega, mientras sus manos guiaban las de él hacia su blusa, invitándolo a explorar.
    
    Sin pensarlo, Santiago desabotonó la blusa, la tela cayó a un lado, y retiró su brasier, revelando sus pechos gloriosos, grandes, firmes, los pezones eran de un café claro y en ese momento ya estaban endurecidos. Se inclinó, su lengua lamió uno de ellos, saboreando la piel suave, ligeramente salada por el sudor, mientras su mano estrujaba el otro seno, sintiendo su peso, su firmeza. Andrea gimió, un sonido gutural que resonó en la noche, sus manos se enredaban en el cabello de Santiago, atrayendo su cabeza hacia ella, hundiendo su rostro entre sus pechos, el calor de su piel envolviéndolo, el aroma de su cuerpo intoxicándolo.
    
    —Dios, Santi, ¡qué rico! —jadeó, mientras su cuerpo se arqueaba, sus nalgas se apretaban contra ...
    ... la barandilla, mientras él lamía con voracidad, chupando sus pezones, arrancándole gemidos que eran música para su alma.
    
    Andrea, con un movimiento fluido, se quitó la falda, dejándola caer al suelo, revelando un cachetero de encaje negro que abrazaba sus nalgas perfectas, como esculpidas por un dios lujurioso. Sus piernas tonificadas, largas, brillaban bajo la luna, y el encaje apenas cubría su vagina, los pliegues rosados se insinuaban bajo la tela transparente, reluciendo con una humedad que hizo que el pene de Santiago palpitara con una urgencia dolorosa. Él se arrodilló, sus manos acariciaron los muslos de Andrea, sus dedos rozaban el borde del cachetero, tentado a arrancarlo, a lamerla hasta que gritara su nombre.
    
    —Santi, espera —dijo Andrea, su voz temblaba, una risa nerviosa escapó de sus labios mientras se apartaba, sus manos recogieron y abotonaron rápidamente su blusa, subiendo su falda con dedos torpes. —No podemos, somos amigos.
    
    Santiago se quedó congelado, su pene estaba erecto, palpitando bajo sus pantalones, su respiración era agitada, el deseo rugía en su pecho como una bestia enjaulada. —Andrea, por favor —suplicó, con frustración, sus manos aun temblaban con el recuerdo de su piel.
    
    Ella lo miró, con una mezcla de deseo y duda, su pecho subía y bajaba con rapidez. —Lo siento, Santi, no podemos —susurró, antes de girarse y volver a la fiesta, sus nalgas se menearon llenas de deseo, dejándolo solo en el balcón, con el corazón acelerado y una erección ...
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