1. Obsesión (1)


    Fecha: 16/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos

    ... —respondió Santiago, con voz temblorosa, sus ojos recorrían el contorno de sus nalgas mientras ella se giraba para tomar la botella, los jeans se tensaban, delineando cada centímetro de su culo perfecto.
    
    Ella rio, y le entregó el refresco, sus dedos rozaron los suyos, enviando una corriente eléctrica por su cuerpo. —Siempre tan fiel a la tienda, escritor —susurró, inclinándose un poco más para permitirle ver algo más, la tela de su blusa estaba a punto de ceder.
    
    Santiago salía de la tienda con el pene endurecido, palpitando bajo sus pantalones, su mente quedaba atrapada en la imagen de Andrea, con ese meneo de nalgas, con el rebotar de sus senos. En la soledad de su departamento, volcaba su obsesión en cuentos eróticos que escribía en secreto, páginas llenas de descripciones vívidas de aquella chica que era su obsesión: su vagina reluciendo con jugos, sus nalgas marcadas por nalgadas imaginarias, sus gemidos gritando su nombre mientras la penetraba en cada rincón de su fantasía.
    
    Cada noche, releía sus historias, su mano se deslizaba sobre su pene, masturbándose con una furia que era casi dolorosa, imaginándola desnuda, con sus piernas abiertas, su tanga arrancada, su vagina rosada y húmeda succionándolo, sus pechos rebotando mientras la cogía contra el mostrador de la tienda, sus gritos de “¡Santi, cógeme más!”, todas esas imágenes consumían su mente.
    
    Pero su tormento no estaba solo en su deseo insatisfecho. Iván, el novio de Andrea, un fisicoculturista de ...
    ... músculos abultados y mirada posesiva había comenzado a notar las visitas frecuentes de Santiago. Lo veía entrar a la tienda, sus ojos oscuros se entrecerraban, su mandíbula se tensaba mientras observaba cómo Andrea sonreía al escritor, cómo sus caderas se meneaban al caminar hacia él. Una tarde, mientras Santiago pagaba por una lata de atún que no necesitaba, Iván se acercó, su presencia fue imponente llenando el espacio, su camiseta ajustada marcaba cada músculo de su pecho.
    
    —¿Qué tanto vienes a comprar, amigo? —preguntó Iván, con voz grave, cargada de sospecha, apoyándose en el mostrador junto a Andrea, su mano posesiva se deslizaba por su cintura, rozando el borde de sus nalgas.
    
    —Solo cosas que necesito —respondió Santiago, su corazón se aceleraba, y su pene se endurecía al ver la mano de Iván sobre Andrea, un destello de celos que se mezclaba con deseo.
    
    Andrea reía, intentando aligerar la tensión, su mano rozaba el brazo de Iván. —Tranquilo, amor, Santi es de la colonia, siempre viene —dijo, pero sus ojos encontraron los de Santiago, brillando con esa chispa que lo enloquecía, como si supiera el efecto que tenía en él.
    
    Santiago salió de la tienda, su respiración era agitada, su mente ya estaba atrapada en una fantasía oscura: Andrea, desnuda sobre el mostrador, con sus nalgas elevadas, su vagina rozada, mientras él la penetraba con furia, mientras Iván los observaba, impotente, mientras ella gemía, —Santi, eres tú quien me hace suya.
    
    Cuando llegó a su ...
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