1. Obsesión (1)


    Fecha: 16/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos

    ... departamento, se sentó frente a su laptop, sus dedos temblaban mientras escribía una nueva historia, describiendo cada detalle de su cuerpo. Se masturbó una vez más, con desesperación, su semen salpicó el escritorio, pero la frustración no se desvanecía. Era solo un amigo, atrapado en una fachada que lo torturaba, su obsesión por Andrea crecía con cada visita, cada mirada, cada roce accidental, mientras Iván, con su presencia amenazante, vigilaba desde las sombras.
    
    Una tarde, mientras el cielo de la Ciudad de México se oscurecía con nubes de tormenta, Andrea, agobiada por las exigencias de Iván, y la presión de cuidar a su madre enferma, invitó a Santiago a quedarse después del cierre.
    
    —Santi, ¿te tomas una cerveza conmigo? Necesito desahogarme —dijo, mientras se apoyaba en el mostrador, su blusa escotada de algodón blanco revelaba el valle profundo entre sus pechos, la curva cremosa de su piel brillando bajo la luz tenue de la tienda.
    
    —Claro, Andy —respondió Santiago, su corazón se aceleró, pero se inclinó para sacar dos cervezas frías del refrigerador.
    
    Se sentaron en un par de sillas detrás del mostrador. La conversación fluyó, primero sobre la madre de Andrea, luego sobre el estrés de su trabajo, pero sus miradas se volvían más intensas, sus ojos encontrando los suyos, brillando con una chispa que era puro fuego.
    
    —Iván me está volviendo loca, Santi —confesó, su voz temblaba, mientras tomaba un sorbo de cerveza, sus labios se humedecían de una manera ...
    ... exquisita—. A veces siento que me asfixia, que no me deja ser yo.
    
    Él, conteniendo el deseo que rugía en su pecho, extendió la mano para consolarla, sus dedos rozaron los suyos.
    
    —Tú mereces más, Andy. Mereces ser libre —murmuró, manteniendo fija su mirada en ella, mientras su pene palpitaba, endureciéndose al sentir el calor de su mano.
    
    Ella no apartó la mano, sus dedos se entrelazaron brevemente, su respiración se volvía agitada, sus pechos tensaban su blusa, sus pezones se endurecían marcándose bajo la tela.
    
    —Gracias, Santi —susurró, inclinándose hacia él, su escote se abrió, dejando entrever el encaje blanco de su sostén, asomando como una provocación.
    
    Antes de que pudieran decir más, un trueno resonó, y la lluvia comenzó a azotar la ciudad, un aguacero torrencial comenzó a golpear las ventanas de la tienda.
    
    —¡Mierda, las cosas de afuera! —gritó Andrea, levantándose de un salto, sus nalgas se menearon mientras corría hacia la entrada, se blusa se pegaba a su piel con las primeras gotas.
    
    —¡Te ayudo! —dijo Santiago, siguiéndola, con el corazón latiendo con fuerza, su mente ya se posaba en la imagen de sus curvas bajo la lluvia.
    
    Corrieron bajo el diluvio, recogiendo cajas de frutas y carteles, el agua los empapaba, la blusa de Andrea se volvió transparente, revelando el encaje de su sostén pegado a su piel. Sus jeans, ahora oscuros por la lluvia, abrazaban sus nalgas, delineando cada curva, delineando sus piernas tonificadas con gotas de agua. Santiago, con la ...
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