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Obsesión (1)
Fecha: 16/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: ElPecado, Fuente: CuentoRelatos
... que dolía. Desde esa noche, el recuerdo de Andrea se convirtió en una obsesión que lo perseguía como un espectro. Cada noche, al cerrar los ojos, veía sus nalgas redondas, sus pechos enormes, sentía el calor de su piel bajo su lengua, escuchaba sus gemidos resonando en su mente. Se masturbaba con furia, imaginándola desnuda, con sus piernas abiertas, su vagina brillando con sus jugos, gritando su nombre mientras la penetraba, pero la realidad de su “no podemos” lo dejaba con un vacío que no podía llenar. Durante años, esa noche en el balcón se convirtió en su tormento, un fuego que ardía en su alma, alimentado por la frustración de no haberla hecho suya, de no haber reclamado cada centímetro de su cuerpo despampanante. Nueve años después de aquella noche en el balcón, Santiago, a sus ahora 27 años, se había convertido en un editor independiente, con días llenos de manuscritos y deadlines, pero su alma seguía atrapada en el recuerdo de Andrea. La colonia Roma, con sus calles adoquinadas y sus edificios art déco, era un escenario constante de su obsesión, cada esquina era un eco de ese beso apasionado bajo la luna, de sus manos rozando la piel cálida de aquellos pechos, de sus gemidos resonando en la noche. Ahora, Andrea, trabajaba en la tienda de abarrotes de su familia en la Condesa, un sacrificio para apoyar a su madre enferma, a pesar de su título en psicología. Su cuerpo era aún más impresionante: esbelto, con una cintura que parecía esculpida, nalgas redondas ...
... y firmes que se delineaban como una obra maestra en sus jeans ajustados, y pechos voluptuosos que tensaban las blusas de algodón que usaba, desafiando la gravedad con cada movimiento. Santiago encontraba cualquier pretexto absurdo para visitar la tienda: un refresco, una lata de atún, un paquete de chicles, cualquier cosa que le diera una excusa para verla. Entraba con el corazón acelerado, a pesar de que el aire de la Condesa estaba lleno de aromas a café y pan recién horneado, para él, solo existía el perfume floral de Andrea, que lo envolvía como un veneno dulce. Ella se movía tras el mostrador con una gracia felina, sus nalgas se meneaban al agacharse para reponer mercancía, la tela de sus jeans se expandía con aquellas curvas, revelando el contorno de una tanga negra que apenas contenía su carne. Sus blusas, siempre ajustadas, dejaban ver la curva de sus senos, grandes, firmes, rebotando ligeramente cuando reía, sus pezones endurecidos marcándose cuando el aire acondicionado de la tienda la rozaba. Cada encuentro era una danza de miradas furtivas, brillando con una chispa que era tanto inocencia como provocación, y conversaciones casuales que escondían una tensión sexual que lo consumía. —Santi, ¿otra vez por un refresco? Vas a terminar con una colección —dijo ella, apoyándose en el mostrador, su escote se abrió ligeramente, dejando entrever la división de sus pechos, el borde de un sostén de encaje blanco se asomaba. —Es que aquí tienen el mejor surtido ...