-
Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 4)
Fecha: 21/03/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: CristiMorbo, Fuente: CuentoRelatos
... buena, mini falda negra y la blusa. “Vas a ser una puta”. ¿Qué había querido decir con eso? Pensé en que iba a serlo. En que estaba más que dispuesta a serlo. Y si iba serlo necesitaba unos buenos tacones. Me puse los zapatos de tacón más altos que tengo. Conduje, rápida, de vuelta a casa de Pepe. Tampoco me costó encontrar aparcamiento esta vez. Nerviosa, subí al piso de Pepe. Mi corazón quería salirse del pecho. Llevaba un vestido. De tirantes. Algo ligero. Rápido. Después de la petición de Pepe (de llevar la mini y la blusa) sabía que el resto de mi atuendo no importaba. Pero necesitaba algo “ponible” para salir a la calle. Llamé al timbre. Esta vez Pepe me abrió la puerta vestido con un pantalón elegante y una camisa blanca desabotonada en el cuello, por donde salían varios matojos de pelo cano. -Qué elegante –Dije, cuando Pepe cerró la puerta. -Veo que has traído lo que te dije –dijo, señalando con la mirada, mi bolsa de cartón. -Por supuesto, don José –le respondí con mi mejor sonrisa. Desde que había llegado a mi casa, estaba deseando saber qué depararía la noche. Como leyéndome el pensamiento, Pepe, me dijo -Ya te dije que esta noche, vas a ser una puta. Una puta muy puta –Dijo, riendo. Mientras reía, miraba un reloj de pulsera– Debe estar al caer, hay que darse prisa Eran las 21:30. -¿Prisa?, ¿por qué?, ¿Para qué? –Dije, curiosa. Muy curiosa. -Fulana –Me dijo Pepe, muy serio.– He pedido una pizza. El repartidor no debe tardar ...
... mucho. Cuando venga, quiero que le recibas vestida únicamente con una camisa mía. Abierta, por supuesto. Yo le miraba a los ojos, tratando de procesar todo aquello. O sea, ¿Iba a tener que follarme al repartidor?, ¿Una camisa de Pepe?, entonces, ¿Por qué me había hecho volver a mi casa a por la mini y la blusa? -¿Me voy a tener que follar al pizzero? –Le dije, mientras mi curiosidad me corroía por dentro. -Ya te gustaría, fulana, pero no. Eso, es solo, el aperitivo –Me dijo, riéndose. Acercó su boca a mi oído, para añadir– Quiero que le abras la puerta con mi camisa, abierta, que tus pechos se entrevean. Le saludas, educada, seductora, le zorreas solo un poquito y cuando haya que pagar, me llamas. De nuevo, el escalofrío. Pero esta vez, no subía por mi espalda. Iba directo a mi entrepierna. Me desnudé por completo mientras Pepe, miraba. Pero no era una mirada de lujuria. Si no una especie de escrutinio. De examen. De hecho, solo se acercó a mí para colocar los dos lados de la camisa a la suficiente distancia como para que no se vieran del todo mis 95, pero si se viera bastante. Justo en ese momento, apareció el repartidor. Abrí la puerta. El chico, joven, aún con el casco puesto, me miró. Primero a los ojos, luego, a mis pechos. Yo me moría de la excitación. Sonreí, seductora, llevando una de mis manos, al cuello de la camisa. Le pregunté el precio, me di la vuelta, para que viera la parte baja de mis nalgas. Y llamé a don José. Pepe vino inmediatamente. ...