1. Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 4)


    Fecha: 21/03/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: CristiMorbo, Fuente: CuentoRelatos

    ... Sin mirarme volvió a preguntar el precio. Cuando le dio el dinero, le dijo al repartidor:
    
    -Es puta, pero tiene hambre. Y no de polla, precisamente.
    
    Después de aquello, y aún con la puerta abierta y el repartidor en la puerta, me dio un azote. Sonoro. Y le cerró la puerta en el momento en que el repartidor me volvía a desnudar con la mirada.
    
    Toda aquella situación casi me provoca una humedad en mi sexo. Pepe, como leyéndome la mente, de nuevo, dijo:
    
    -No veas como te miraba los melones –Reía. A carcajadas
    
    -Ufff –Respondí
    
    -¿Te ha gustado, fulana? –Seguía riendo.
    
    -Mucho –Le dije. Y era cierto– ¿Esto era lo que me decías cuando dijiste que iba a ser puta? –Le pregunté, más curiosa que excitada.
    
    -Oh no… esto, es solo el principio. –Pepe ponía la pizza en la mesa de la cocina.– Ah, un par de cosas –Me dijo, sin mirarme.
    
    -Tu dirás –Le respondí– Mi corazón se aceleró. La excitación aumentaba.
    
    -Quítate el anillo, no lo vas a necesitar. –Me miró a los ojos, mientras engullía un trozo de pizza– Esta noche, vamos a ir de nuevo a la disco. Quiero que conozcas a alguien –me miró de nuevo– Y que seas muy –Hizo una pausa. Terminó su trocito de pizza y, cogiendo uno nuevo, sin mirarme, añadió– “cariñosa”.
    
    Casi me atraganto con el pequeño trocito de pizza. ¿Qué pretendía Pepe?, ¿Había dicho que iba a conocer a alguien? ¿Y que tenía que ser muy “cariñosa”?
    
    Mi mente daba vueltas. Y vueltas. Apenas probé la pizza. Pepe, se la acabó casi entera.
    
    Intenté ...
    ... preguntarle algo más. Pero no obtenía respuestas. Me empecé a poner la minifalda y la blusa. Debajo, mantuve la lencería que llevaba puesta.
    
    -No, sin ropa interior. –Me dijo, mientras sonreía con esa sonrisa maliciosa que tanto me pone.
    
    El roce de mis pechos en la tela de la blusa aumentó, más aún, mi excitación. Pepe, me miraba, satisfecho.
    
    -Así vestida, sin nada debajo, pareces una auténtica fulana.
    
    -Gracias –Su comentario, lejos de disgustarme, me halagaba.
    
    -Recuerda, quiero que esta noche seas muy “cariñosa” y –hizo una pausa– extremadamente puta –Dijo, mientras yo me subía, casi literalmente, encima de mis tacones.
    
    Al oírle decir aquello, no pude evitarlo. De nuevo, ese chispazo de excitación.
    
    De camino a la calle, al coche de Pepe, empecé, nerviosa, excitadísima, un interrogatorio.
    
    ¿Quién era esa persona para la que debía mostrarme muy cariñosa?, ¿A qué se refería Pepe cuando dijo “extremadamente puta?
    
    Pese a mi interrogatorio, Pepe no dijo ni palabra. Solo sonreía.
    
    El camino hacia la discoteca donde había conocido a Pepe, se me hizo cortísimo. Miré el reloj en el desvencijado coche de Pepe. Eran cerca de las 22:30.
    
    Nada más apagar el motor del coche, Pepe, se giró a mirarme. Muy serio, me dijo:
    
    -Escúchame, fulana. Pase lo que pase, no hablarás ni dirás nada, hasta que yo te lo ordene, ¿Entendido?
    
    Asentí. Iba a abrir la puerta del coche, cuando Pepe, sujetó mi brazo, ahora, con esa sonrisa de pervertido me miró a los ojos:
    
    -Querías ...
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