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El origen del viaje
Fecha: 22/03/2026, Categorías: Bisexuales Fetichismo Intercambios Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... no se movió. No se apartó. Sintió el roce de Diego como una sombra, como una presencia cálida en el borde de su piel. Pero no era a él a quien le temblaban las entrañas. Era Lourdes la que estaba dentro. Sus dedos seguían abriéndola, lentos, precisos, con una calma que no imitaba ternura: la imponía. Cada movimiento tenía un propósito. Cada presión sabía dónde dolía. Y dónde se encendía. La palma de Lourdes luchaba por sentir el interior de la vagina infantil, mientras sus dedos la penetraban con la sabiduría de alguien que no necesitaba mirar para saber lo que hacía. Y lo que estaba haciendo, más que tocar, erareclamarla. Danielle sintió que su cuerpo ya no le pertenecía por completo. Y no le molestaba. No quería recuperarlo. Porque la que la estaba tomando de verdad, la que la estaba poseyendo como nadie antes, era ella: Lourdes. Danielle abrió más las piernas. No por Diego. Por Lourdes. El roce de su mano sobre la cadera de Danielle no buscaba tomarla. No era un gesto de conquista. Era una pregunta. Un¿puedo estar aquí? sin voz. Un¿aúnme ves?, desde la piel. Diego ya no era el hermano mayor. Ni el que conducía el carro, ni el que decía cuándo hablar y cuándo callar. Era un hombre con la verga en la mano y los ojos llenos de incertidumbre, tocando apenas el borde del cuerpo que más deseaba y que ya no le pertenecía. Porque ese cuerpo ahora respondía a otras manos. A otra energía. A la de Lourdes, que lo conocía por dentro. Danielle lo sabía. ...
... Sentía el pulso de Diego en la yema de sus dedos. Sentía que ese roce no era posesión, sino una especie de súplica:“Nome dejes afuera.” Y en esa súplica estaba toda la verdad: Que él ya no mandaba. Que el poder se había ido con la ropa de Danielle. Y que ahora solo le quedaba esperar… Si ella quería, si ella lo decidía, tal vez lo dejaría entrar. Lourdes la tocaba con más fuerza ahora. Sus dedos se movían dentro de Danielle con una cadencia más firme, más profunda. Cada empuje hacía que el cuerpo entero de Danielle se estremeciera, abierto, vulnerable y feroz al mismo tiempo. Gemía sin vergüenza, con la boca entreabierta, los ojos húmedos, la espalda arqueada. Y enmedio de ese temblor, Danielle alzó una mano y buscó a Diego. Lo tocó. Lo encontró. Le tomó la muñeca como si fuera algo frágil, y sin mirarlo, sin decir palabra, bajó su mano despacio por su vientre tembloroso, guiándola hacia su centro. Diego no opuso resistencia. Su mano temblaba, húmeda, cargada. Cuando llegó, sintió el calor, el pulso, la humedad espesa que chorreaba entre sus labios abiertos. Sintió los dedos de Lourdes entrando y saliendo con ritmo, con precisión, y sintió también cómo esa carne palpitaba, se abría, se rendía ante cada nueva embestida. Era su hermanita. Y estaba completamente abierta. Para Lourdes. Para él. Para lo que viniera. Danielle no se movió. Solo respiró hondo y dejó que Diego sintiera. Diego estaba de rodillas frente a ella, con la mano aún tibia de su ...