1. El origen del viaje


    Fecha: 22/03/2026, Categorías: Bisexuales Fetichismo Intercambios Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... humedad, los ojos clavados en su cuerpo. El deseo le desbordaba la cara, el pecho, la verga, todo. Y Lourdes lo notaba.
    
    Bajó la mirada, se inclinó hacia él con unamedia sonrisa, y con voz ronca, sin vergüenza, le susurró al oído:
    
    —Sus nalgas están para comerlas.
    
    Fue más una declaración que una invitación. Y Diego, al oírla, jadeó como si acabara de correrse sin tocarse.
    
    Y no necesitó más.
    
    La tomó por las caderas, con una fuerza temblorosa, reverente, y la alzó con la facilidad con la que se alza un cuerpo de 8 añitos, lo justo para girarla de lado y apoyarla boca abajo sobre la cama. Danielle se rindió al movimiento sin oponer resistencia, con la espalda curvada y los muslos separados, jadeando contra la sábana caliente.
    
    Lourdes, sentada aún a su lado, observaba sin intervenir. Sus dedos húmedos descansaban sobre la pierna de Danielle, como recordándole que no estaba sola.
    
    Diego la contempló un segundo. El calor de la habitación, el aroma de la piel excitada, y esa imagen: su hermanita inclinada, expuesta, abierta.
    
    La alzó un poco más, con cuidado, y el gesto dejó al descubierto el lugar más íntimo de su cuerpo. El ano, pequeño, perfecto, brillaba por el sudor. Un suspiro se le escapó a Danielle al sentir el aire caliente rozarle allí.
    
    No dijo nada. No hacía falta.
    
    Diego tragó saliva otra vez. Tenía la mano temblorosa, húmeda, indecisa. Danielle no se movía. No decía nada. Solo respiraba, boca abajo, con las piernas abiertas, esperando. ...
    ... Entregada.
    
    Se inclinó sobre ella, y con el índice, muy lento, la tocó justo en el centro. Despacio. Primero afuera, midiendo la humedad. Luego,metiendo su dedo dentro de ella.
    
    No fue mucho. No fue profundo. Pero ella lo sintió entero.
    
    El cuerpo se le contrajo apenas. Un gemido bajo, gutural, le nació entre los labios. No porque doliera.
    
    Un dedo. Solo uno.
    
    Lourdes lo miró de reojo. Lo dejó hacer. Danielle ya estaba arqueada, con lasmejillas encendidas y la boca abierta en un jadeo. Diego movía el dedo con torpeza, pero con una entrega que conmovía.
    
    Lourdes se acercó, se pegó a su espalda, le susurró al oído con esa voz suya, grave, como si dictara un secreto ancestral:
    
    —Hazlo con más calma. Que sienta que es tuyo también.
    
    Él obedeció.
    
    Y mientras Lourdes volvía a lamer el cuello de Danielle y su otra mano jugaba al tiempo con su vagina, Diego quiso que ellahiciera lo mismo con él.
    
    Pero no lo pidió.
    
    No fue necesario.
    
    Porque después de un tiempo, sin que nadie lo tocara directamente,él se vino. Rígido. Quieto. Se corrió entre sus propios dedos, con un gemido que apenas fue audible, mirando el cuerpo abierto de su hermanita, ese cuerpo que lo había hecho rendirse sin violencia.
    
    Su semen cayó en el suelo de madera, caliente, espeso.
    
    Diego se quedó allí, de rodillas, temblando, con la respiración descompasada y el pecho cubierto de sudor. Su semen goteaba en el suelo como una confesión muda, irrelevante, porqueya no era él quien ocupaba el ...
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