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Diario de un pervertido. 5ª parte. La visita
Fecha: 23/03/2026, Categorías: Hetero Autor: peto, Fuente: TodoRelatos
Viene de los capítulos anteriores que recomiendo leer para entender cómo esta visita que me hizo mi tía en Londres pudo ser tan sexual. Cogí dos metros y un tren para presentarme en el aeropuerto, afeitado y bien limpito, a recibir a la tía Ceci. Estaba tan excitado que me arrepentí de no haberme masturbado según desperté aquel día, como me pedía el cuerpo. Pero quería recibirla como se merecía. No tenía duda de que agradecería cada gota de semen que pudiese conservar para ella. Entré en la terminal de llegadas buscando con la mirada, en primer lugar, la ubicación de los servicios, para saber a dónde ir en cuanto mi tía me dijese que no podía esperar para comerme la polla, cosa que daba por sentado que ocurriría. Allí apareció, sonriente, tirando de su pequeña maleta con ruedas. Abrió los brazos para abrazarme en cuanto me vio y corrí a su encuentro. Nos besamos, como sobrino y tía, y nos abrazamos con fuerza. Yo estaba exultante; la encontré más guapa que nunca a pesar de que venía vestida como para enfrentarse al invierno ártico. Le expliqué, lo primero de todo, que aún teníamos un trayecto de casi dos horas hasta llegar a casa. Sabía que no iba a poder esperar tanto para recibir en su boca lo que había guardado para ella. Me monté en el tren aún sonrojado por aquel momento de pasión en los urinarios. —No puedo esperar más, mi pequeñín —me dijo al oído en aquel primer abrazo. No tenía que decir nada más. Yo ya sabía a dónde ir, lo tenía todo estudiado ...
... y dos minutos más tarde estábamos ubicando su maleta a un costado de la taza del retrete en la que se sentó, frente a mi bragueta, para desabrocharla. No hicimos ruido por si no estábamos solos, y aunque no la escuchase emitir esos murmullos de placer a los que me tenía acostumbrado, sabía que estaba disfrutando de mi pene, tanto o más que cualquier otra vez. Cuando terminó de limpiarme de cualquier resto de semen que pudiera haber quedado, le encanta recrearse en esta operación, se levantó y me susurró al oído otra vez: —En cuanto lleguemos a tu casa, quiero que hagas lo mismo. No veas lo caliente que he venido todo el camino, imaginando lo que harías en cuanto me tuvieses con las piernas en alto, disfrutando como solo tú sabes disfrutar. En esto tenía razón. A todo el mundo le gusta que le coman e incluso comer, pero no creo que todo el mundo disfrute como disfrutamos nosotros cuando nos comemos mutuamente. Yo también estaba deseando llegar a casa para enterrar la cabeza entre sus piernas. De hecho, lo había dejado todo preparado. Una toalla en el borde de la cama y un cojín en el suelo eran todo lo necesario para dar la bienvenida al coño más sabroso del mundo. Qué largo se me hizo el camino. Largo y calenturiento. Desde el principio, la tía Ceci quiso hablar de sus planes para esos escasos 7 días que estaría en Londres. Por supuesto que visitaríamos la ciudad, pero lo importante era otro asunto. Había algo que ambos deseábamos desde hacía mucho tiempo y ...