1. Diario de un pervertido. 5ª parte. La visita


    Fecha: 23/03/2026, Categorías: Hetero Autor: peto, Fuente: TodoRelatos

    ... atractivo, no se podrían resistir a la belleza de mi querida tía.
    
    Cuando al fin llegamos a casa, como los chicos estaban en la universidad, tuvimos el piso para nosotros solos. Lo primero fue hacer uso de la toalla y el cojín que había dejado preparados en mi habitación. Qué placer volver a saborearla, a escuchar sus gemidos, a sentir sus dedos mesando mi pelo.
    
    Acto seguido, en cuanto terminó de estremecerse tras el orgasmo al que la llevé con esa pasión que provocaba en mí, fuimos a la sala y me pidió que la pusiese en la misma posición en la que había empezado a follar con Dagmara frente a mis compañeros de piso. Allí reclinada, utilicé mis dedos como utilizara la polla en aquella ocasión, primero en su vagina y luego en su culo.
    
    Fuimos de un punto al otro de la sala mientras le explicaba cómo se había sentado sobre Marco, cómo nos habíamos acomodado para que tuviese en todo momento nuestras pollas al alcance de cualquier orificio que Franchesca nos pidiera que rellenáramos, cómo se había arrodillado para recibirnos a los tres al mismo tiempo, cómo la habíamos cubierto de semen y cómo Franchesca la había duchado con sus jugos.
    
    Ella escuchaba las vejaciones a las que sometimos a la polaca con mis manos entre las piernas y las suyas acariciando mi erección por encima del pantalón, reservándome para volver a darse un atracón de los suyos.
    
    Volvimos a mi habitación para que yo pudiera desahogarme después de la narración porque ya no podía más. Le pedí que se ...
    ... tumbara de lado, con la cabeza entre mis piernas, y así, en posición fetal, le volví a contar cómo había sodomizado a mi querida italiana. Me pidió que le dijera las mismas cosas que le dije a ella cuando me pidió entre lágrimas que la usase. Así lo hice, sujetando su cabeza con fuerza mientras me movía dentro de su garganta, repitiendo la retahíla de improperios que dediqué a Franchesca.
    
    Cuando estaba a punto de correrme, la tumbé boca arriba, me coloqué encima y me follé su boca como me follara el culo de la italiana.
    
    —¡Puta! ¡Puta! ¡Puta! —repetí mientras me corría.
    
    Nunca le había dicho nada parecido cuando estábamos juntos, y me confesó que le había encantado. Desde entonces, nos apropiamos de ese vocabulario en nuestros encuentros y le decía cosas terribles cuando me la chupaba. A ella le encantaba oírme y a mí decírselas.
    
    Esto me gustó más de lo que esperaba. Y escucharla decir guarradas cuando le comía el coño, me gustó más aún. Porque, además, lo decíamos en serio. Ella era una guarra y yo un cerdo. ¡Y cómo nos gustaba serlo!
    
    La primera en llegar a casa fue Franchesca. Se gustaron desde el primer momento, lo pude ver en el brillo de los ojos de ambas. Aquí se abrió la primera botella de vino.
    
    Cuando llegó Philip y la vio, me hizo un gesto de admiración, con suma discreción, y yo le guiñé un ojo a ella para que supiese que al primero ya lo tenía en el bote. Faltaba Marco.
    
    Al llegar el checo, el recibimiento fue como los dos anteriores: dos besos, ...
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