1. Diario de un pervertido. 5ª parte. La visita


    Fecha: 23/03/2026, Categorías: Hetero Autor: peto, Fuente: TodoRelatos

    ... mandarme a la cama con los huevos vacíos.
    
    Luego, aunque hubiésemos preferido pasar la noche juntos, ella se fue a la sala a dormir en la cama que le habíamos preparado. Estaba segura de que alguno de mis compañeros querría repetir, y con un poco de suerte, querrían los dos.
    
    La tía Ceci siempre había sido muy calentorra, pero a Londres vino francamente desbocada.
    
    Por la mañana me contó que Franchesca había aparecido a medianoche para charlar con ella. Le había encantado la dulzura y sinceridad de mi lesbiana favorita, que no le había ocultado el deseo que le provocaba y lo mucho que le gustaría amarla, pero, por lo que sea, no se dieron más que unos besos envueltos en castas caricias y promesas de futuros encuentros. En definitiva, habían puesto las cartas sobre la mesa. Pronto las vería entregadas la una a la otra, porque la tía Ceci quería hacer eso porque sabía que me gustaría.
    
    —Sí que es lista tu italianita —dijo antes de explicarme lo que habían hablado.
    
    Pasamos el día los dos solos de turismo por la ciudad.
    
    La tía Ceci me repitió la frase de Napoleón arengando a sus ejércitos cuando, en el baño más próximo a la piedra roseta expuesta en el British Museum, se apoyó en la cisterna del inodoro dándome la espalda, se subió la falda y apartó su braguita.
    
    —3000 años de historia te contemplan, Armandito.
    
    Nunca me podría cansar de comer ese coño, sobre todo cuando, debido a la postura, puedo recrearme en meterle la lengua en el culo y ver cómo se ...
    ... abre.
    
    Cuando se hizo de noche, estábamos paseando por los alrededores de Buckingham Palace. En un estrecho callejón, me detuvo y me dijo mientras me desabrochaba el pantalón, mirando en todas direcciones para asegurarse de que no nos veían:
    
    —Aquí me follé una vez a un holandés que medía por lo menos dos metros.
    
    Y me explicó cómo la había sostenido en el aire mientras la hacía subir y bajar sobre su polla.
    
    Ambos sabíamos que aquella iba a ser la última mamada del día. Franchesca y ella tenían planes para mí.
    
    De regreso a casa, paramos en nuestro pub. Allí nos esperaban todos tomando pintas. Las miradas de los chicos solo reflejaban una cosa: Deseo.
    
    La mirada de Franchesca reflejaba otra cosa bien distinta. No supe interpretarla, pero auguraba que me lo iba a pasar bien.
    
    Los dejamos allí para irnos a cenar juntos. Durante la cena me explicó lo que le rondaba por la cabeza.
    
    En la conversación mantenida la madrugada anterior con Franchesca, la tía Ceci le contó a mi compañera que le encantaría follarme, pero que no podía volver a cometer ese error. Que eso había sucedido una noche que ella estaba borracha y que se avergonzaba de ello porque soy como un hijo para ella. En su mentira, incluyó que sabía que yo estaba enamorado de ella desde entonces. También se inventó una truculenta historia en la que ella se había percatado, en cierta ocasión, de que yo andaba escondido masturbándome mientras ella se acostaba con mi madre y que le encantó hacerlo sabiendo que yo la ...
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