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Diario de un pervertido. 5ª parte. La visita
Fecha: 23/03/2026, Categorías: Hetero Autor: peto, Fuente: TodoRelatos
... miraba. No sé cómo se las arregló para convencerla de que la ayudase a recrear la escena, pero conociendo el afán exhibicionista de Franchesca, no creo que le resultase muy difícil. Cuando llegásemos a casa, yo debía esperar a oírla tocar discretamente la puerta de la habitación de Franchesca para ir poco después a llamar a su puerta también. Nada de esto sucedió como me dijo que lo habían planeado. En esa depravación que compartíamos con la italiana, habían ido un paso más allá. Al parecer, Franchesca tenía sus propios fetiches, y yo estaba en el ajo sin saberlo. Al llegar a casa, todos estaban ya recogidos en sus habitaciones y pusimos en práctica el plan establecido. Se amaron frente a mí, mientras yo me masturbaba mirándolas desde el sofá que tenía Franchesca junto a la cama, el mismo en el que me sentaba a verla masturbarse con una venda en los ojos. Mientras se amaban, me miraban y me enseñaban sus cuerpos preguntándome cuánto deseaba poseerlos, y yo respondía que mucho, aunque no mostraba intención alguna de intentar nada con ellas. La verdad es que era feliz contemplándolas mientras me la sacudía sin prisa. Empezaron con caricias suaves. Se comieron la una a la otra, se introdujeron dedos y dildos, con sensualidad y dulzura. Se provocaron orgasmos y disfrutaron sintiéndose observadas. Todo iba a las mil maravillas y el tono del encuentro subía paulatinamente de grado. Llegaron a un punto en el que la tía Ceci se convirtió en la esclava sumisa ...
... de Franchesca, y esta le hacía cosas indecibles. Nunca antes había visto a mi tía sometida de tal manera, y esto no era más que el principio. Cuando la ató con un intricado sistema de nudos, no me podía imaginar lo que vendría después. Una vez atada, dejó que Franchesca la abofeteara y escupiera. Estaba dispuesta a ser su esclava y a obedecer cualquier orden. Ambas me habían indicado que debía contener el orgasmo hasta el final, y cuando Franchesca me ató a mí también, anudando mis brazos a mi espalda, creí que me llevaría al orgasmo de algún modo, pero no lo hizo de inmediato. Salió por la puerta dejándonos a solas, atados e indefensos. Regresó con nuestros compañeros de piso, ambos en pijama y con los ojos pegados. No tardamos en ver sendas tiendas de campaña en aquellos pijamas. Para ellos fue una sorpresa. Los había despertado para traerlos sabiendo que no pondrían pegas a lo que les propuso. Ya lo habían practicado antes con Dagmara. Yo estaba en pie, junto a la cama, atado. Franchesca se colocó a mi espalda y, mientras daba indicaciones a los amantes, iba pasando las uñas por todo mi cuerpo. La tía Ceci, que tenía los brazos atados a las piernas, podía ser colocada indistintamente boca arriba o boca abajo. Solo era cuestión de voltearla para acceder a cualquiera de sus orificios. Junto a mi oído, salían las palabras que marcaban el paso de los que abusaban de mi tía, mientras mis testículos eran oprimidos con fuerza, o unas uñas arañaban la ...