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Conny, una dulce tentación 6
Fecha: 25/03/2026, Categorías: No Consentido Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos
... menos, eso se repetía. Era para el chico de otro instituto que Any le había prometido presentarle esa noche. Pero mientras se observaba en el espejo, su mente volvió al roce de las manos nudosas del viejo almacenero sobre sus caderas, a la forma en que sus ojos habían devorado cada centímetro de su piel, en el momento después de haberle entregado el ramo de flores. —¿De verdad vas a buscar a ese viejo para beber algo con él, como dijo Rosita que te escuchó? —preguntó Any, ajustándose los zapatos de tacón—. ¿O prefieres venir con nosotras a donde están los chicos del otro instituto? Conny forzó una sonrisa. No quería ser desagradecida. Don Úrsulo, por extraño que fuera, había sido el único que le había reconocido su esfuerzo. —Iré a hablar con don Úrsulo… Se lo prometí. Pero serán solo unos minutos —respondió Constanza guardando el ramo en su casillero junto a su mochila—. Luego me uniré a ustedes. En el gimnasio, la fiesta de ese instituto ya era un caos. Las luces estroboscópicas de distintos colores cortaban el aire en destellos rojos, amarillos, y azules, mientras la música retumbaba en los huesos de cada alma como un latido colectivo. Los estudiantes se amontonaban en la pista improvisada, con sus cuerpos moviéndose con una desinhibición que olía a alcohol barato y adrenalina. Los profesores, disfrazados de vigilancia, se limitaban a sonreír y asentir, con sus ojos mirando disimulados los cuerpos de las estudiantes mas potenciadas, y de ciertas profesoras que ...
... tampoco se quedaban atrás. La fiesta era la fachada perfecta para lo que ocurriría después: la caza disfrazada de celebración. Don Úrsulo, escondido en las sombras de un rincón, justo en un puesto de cervezas que contaba con un par de mesas a los lados, observaba el pasillo de los vestuarios como un depredador que espera por su presa. Su camisa, antes oscura, ahora estaba manchada de sudor bajo los brazos, y sus dedos tamborileaban contra el vaso de plástico que sostenía. No bebía, solo fingía, mientras su mente repetía el recuerdo de Conny bajo la luz tenue del pasillo, con la malla roja marcando cada curva de su cuerpo, sobretodo esa inquietante curva de tela roja brillante que iniciaba en la pelvis, y que vio perderse hacia al medio de sus muslos, marcándole la vagina, pero sin mostrarla, preguntándose cómo se pondría la joven con unas cuantas cervezas en la mente, si esa noche, él, podría ver lo que existía debajo de esa tirante tela roja que había visto en esa femenina zona. —Ahí viene —murmuró aquel pobre hombre sin darse cuenta de la expresión aturdida que adquirió su rostro apenas vio emerger desde la salida de daba a los vestuarios, a semejante beldad. Don Úrsulo sintió el corazón golpearle parte de las costillas, acelerándosele, con latidos desbocados que se ahogaban en el ruido de la fiesta. Su aspecto era de un león enjaulado con semanas sin comer, viendo que le traían una buena presa. Constanza había aparecido en el umbral del pasillo como un espejismo ...