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Conny, una dulce tentación 6
Fecha: 25/03/2026, Categorías: No Consentido Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos
... hizo con un movimiento fugaz, casi instintivo, como en cámara lenta, pero cargado de una sensualidad que no podía disimularse. El vestido azul, ya de por sí corto, se tensó sobre sus caderas como si estuviera a punto de empezar a rasgarse desde esa zona. La tela, ajustada hasta el límite de lo decente, delineó cada curva de sus nalgas amplias, marcando el relieve redondeado que se elevaba con el estiramiento, como dos medias lunas bajo las luces centelleantes que lo iluminaban todo. Sus muslos, firmes y brillantes por el efecto de la encremada que les había aplicado en los vestidores, se apretaron uno contra el otro, revelando el tenue triangulo existente entre ellos, una marca en la tela que parecía invitación y prohibición al mismo tiempo. Y cuando levantó los brazos para peinar un mechón de cabello que se había escapado, para después ponerse la misma mano en la frente a modo de visera, para que no le molestara la luz, el tejido del vestido se estiró aún más sobre su torso, delineando el contorno de sus senos turgentes, el modo en que se alzaban con cada respiración, con los pezones apenas insinuándose bajo la tela azul como dos promesas ocultas. Don Úrsulo, desde su ubicación en las sombras del puesto de cervezas, sintió el aire abandonar sus pulmones. Sus ojos, hundidos y brillantes de hambre, se clavaron en ella como si fueran imanes. Por la forma en que el vestido se aferraba a sus caderas anchas, en cómo la tela resaltaba la suavidad de su cintura, en el modo en ...
... que el escote se abría ligeramente con cada movimiento, revelando el valle entre sus pechos, sintió que eso ya era demasiado. Su miembro terminó por quedarle bien parado, tensándose contra el pantalón con una urgencia que lo hizo apretar los dientes. “Ella… ¿No era consciente de lo que provocaba, a él, o a cualquiera? ¿O tal vez sí?”, se preguntó devorándosela, disfrutando de la función ocular que la joven estaba dando. Y claro, alrededor de ella, los hombres se detenían en seco. Un estudiante de gruesos lentes ópticos, tropezó con otro viejo que miraba, sintiendo como su miopía desaparecía y volvía a ver totalmente nítido por el efecto que le causaba semejante belleza empinada. El profesor Natalio, desde su mesa cercana, al ver a Conny estirando su cuerpo, parándose en la punta de sus pies, dejó escapar un silbido que sonó a obscenidad; hasta Rufino, con su corbata mal ajustada, se inclinó hacia adelante como si quisiera grabar cada centímetro de su silueta en la memoria. Sin embargo, Constanza los ignoró a todos. Sus brillantes ojos negros, escaneaban la multitud intentando dar con la poco agraciada figura de don Ursulo. —¡Conny! —gritó Any desde algún lugar del gentío—. ¡Ven aquí, un chico del otro instituto quiere invitarte a bailar! Pero Constanza no respondió. Sus labios, entreabiertos y húmedos por el brillo que se había aplicado, se curvaron en una sonrisa que no era para ellos. Siguió avanzando, con sus caderas, y senos, balanceándose con un estremecimiento ...