1. El círculo. Cap.39 El Centro del Círculo


    Fecha: 04/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... Abril, desde el centro del círculo de gente, no necesitó templete. Solo alzó la voz.
    
    —¡Estamos aquí porque nadie va a robarnos la voz! ¡Porque México no es una silla que se hereda! ¡Y porque si quieren llamarnos “peligro”, que lo hagan! ¡Porque sí somos un peligro… para sus pactos, sus cuotas, su cinismo!
    
    La gente respondió como una sola garganta. Y en medio de ese estruendo, Abril ya no era “la mujer de”. Era la que venía por todo.
    
    Una media hora más tarde, la multitud aún retumbaba en la plaza cuando Abril se encerró en la pequeña oficina prestada detrás del templete. Afuera seguían los cantos, pero adentro solo quedaba el zumbido de la adrenalina y el pulso acelerado en sus sienes.
    
    Una de sus colaboradoras —Clara, rubia, lindísima, joven, de mirada limpia pero manos firmes— cerró la puerta tras de sí. No dijo nada. Solo la miró con esa mezcla de devoción y deseo que había estado conteniendo durante semanas.
    
    Abril se dejó caer en una silla, exhausta, pero con el cuerpo vibrando de poder. Clara se acercó despacio, como quien se acerca a un altar.
    
    —Déjame cuidarte —dijo apenas.
    
    Luego acarició su mano. Le tiró una sonrisa que fue correspondida con un cerrar de ojos. Abril la observó unos segundos, sin sorpresa. Luego, con una calma que era orden, abrió las piernas bajo el pantalón de mezclilla. La rubia se acercó a Abril, la beso en los labios con suavidad mientras su cuerpo se acomodaba entre sus piernas.
    
    Clara se arrodilló frente a ella, y deslizó ...
    ... la tela con cuidado.
    
    —Despacio—. Ordenó abril mientras descubría con calma y suavidad su sexo perfectamente depilado.
    
    Clara besó su muslo derecho con suavidad, aspirando su aroma mientras acariciaba el vientre de abril. De inmediato, hundió su rostro entre la vulva húmeda de su jefa. El gemido de Abril salió bajo, profundo, un eco contenido durante horas. Se recostó hacia atrás, cerró los ojos y se aferró al respaldo, dejando que la lengua de su colaboradora la devolviera al centro de sí misma.
    
    Abril ordenaba justo lo que quería
    
    —Mírame—. Soltó justo antes de arquear su espalda para dejarle acceder a su clítoris.
    
    —No te detengas—. Ordenó mientras jalaba por la nuca a Clara.
    
    No había culpa, no había sombra de Damián: solo su cuerpo, su placer, su derecho a sentir.
    
    Cada caricia era un recordatorio de que estaba viva, de que aún era deseada, de que no era solo senadora ni política: era mujer.
    
    Las manos de Clara desabotonaron su blusa, después sacó sus durísimos pezones del sostén y los pellizcó con una destreza que la erizaba.
    
    —Más lento—. mandó mientras sentía el orgasmo formarse en su espalda, en sus caderas.
    
    El orgasmo sacudió a Abril con violencia, arrancándole un jadeo que sonó como un grito de victoria. Clara se quedó ahí, sosteniéndola con la boca, tragando sus fluidos con devoción mientras Abril la tomaba del cabello con la fuerza de quien sabe que manda incluso en el placer.
    
    Cuando todo terminó, Abril respiró hondo, con una sonrisa leve, ...
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