1. El círculo. Cap.39 El Centro del Círculo


    Fecha: 04/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... ahí, recostado, escuchando el corazón de ella y el eco tenue de un bebé que todavía no nacía.
    
    __
    
    CDMX — Glorieta de Insurgentes, 5:47 p.m.
    
    La tarde caía sobre la ciudad como una manta vibrante. El cielo estaba teñido de naranja, humo y esperanza. Miles de personas se habían reunido desde temprano, marchando desde el Monumento a la Revolución hacia el cruce que parte la ciudad en dos: Insurgentes y Reforma. Era una marea diversa, caótica, ruidosa. Pero no era improvisada.
    
    Lonas impresas. Carteles pintados a mano. Bocinas portátiles, cánticos rítmicos. Camisetas con frases como “No somos botín”, “Las cúpulas no nos eligen” y, la más repetida: “ABRIL NO TIENE MIEDO”.
    
    Ella caminaba al frente.
    
    Abril Barduján.
    
    Pantalón de mezclilla claro, blusa blanca, chaleco con el logotipo azul, el del PAN. Gafas oscuras. Cabello recogido. Sin maquillaje. Sin adornos. Pero con algo distinto: una fuerza nueva, limpia, como si de pronto su voz ya no dependiera de micrófonos ni curules. Caminaba como quien ya no necesita permiso.
    
    A su lado iban tres miembros de su equipo. Jóvenes. Uno cargaba una pequeña hielera con agua. Otra, una tablet con transmisiones en vivo. El tercero revisaba el pulso en redes desde su teléfono.
    
    —Estás rompiendo el algoritmo —le susurró él—. No traemos ni bots. Es puro arrastre orgánico.
    
    Ella solo asintió. No sonrió. Pero algo en sus pasos se hizo más firme. El vientre, de cinco meses, se le adivinaba bajo la blusa suelta. No lo ocultaba, ...
    ... pero tampoco lo mostraba. No por vergüenza. Sino porque su cuerpo no era la conversación. Su causa sí.
    
    Avanzaban entre la multitud que gritaba:
    
    —¡Ni uno más por dedazo!
    
    —¡Abril, el pueblo contigo!
    
    —¡El miedo cambió de bando!
    
    Los transeúntes que no sabían de la protesta comenzaron a grabar desde las aceras. Algunos se unían. Otros solo miraban, confundidos pero curiosos. Una señora desde un balcón lanzó pétalos de bugambilia. Una niña con mochila la saludó con la mano. Abril le devolvió el gesto.
    
    Un joven se le acercó corriendo, con el celular temblando en la mano. Tendría unos veinte años. Gorro, piercing, mochila rota. La miró con nerviosismo.
    
    —Senadora… perdón. ¿Usted era la mujer de Damián Ortega?
    
    El silencio fue breve, pero denso. Alguien en la fila de atrás lo oyó. Varias cabezas voltearon. Un fotógrafo se adelantó.
    
    Abril se detuvo un segundo. Respiró. Se bajó los lentes oscuros. Lo miró directo, sin dureza. Y dijo:
    
    —Él fue el mío.
    
    Y siguió caminando. Sin mirar atrás.
    
    Los que la escucharon quedaron helados. Algunos aplaudieron. Otros solo guardaron silencio, como si hubieran presenciado algo íntimo, revelado sin querer.
    
    El joven se quedó ahí, con el celular temblando y el corazón un poco distinto. Acababa de ver a alguien decir una verdad sin escudos.
    
    La marcha continuó hasta la glorieta. En lo alto, alguien colgó una lona de tela blanca con letras negras:
    
    “LA ÚNICA SENADORA SIN MIEDO”
    
    Los tambores retumbaban como latidos. Y ...
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