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El círculo. Cap.39 El Centro del Círculo
Fecha: 04/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos
... su costado. Damián le rodeó los hombros, y con la otra mano buscó la suya. Se la tomó. Se la apretó como si quisiera memorizarle los huesos. —Si no funciona todo lo que estamos haciendo… —dijo— si esto se cae… cuida a mi hija. Helena se separó apenas. Lo miró. —No digas eso. —Escúchame. No quiero una hija que acabe como Ximena. No quiero que alguien entierre a una hija mía. No puedo. —No digas tonterías. —Prométemelo —insistió, ahora con la voz rota. Helena lo vio directo. Sabía que ese tono, ese brillo en los ojos, no era dramatismo. Era una súplica. Y un testamento. —Te lo prometo. —No bajo ninguna circunstancia. —No. —Ni aunque te coja un dios. Ella bajó la mirada. Sus dedos acariciaron su panza sin darse cuenta. Luego volvió a alzar la vista. Y le respondió con una media sonrisa amarga, sincera. —Los dioses no existen, Damián. Pero ya me cogió el que me hizo a esta niña. Helena lo abrazó más fuerte, como si quisiera hundirlo en su pecho y borrarle la culpa con la piel. Los labios de Damián se apoyaron en su cuello, primero con un suspiro roto, luego con una urgencia que le quemaba. Ella no se resistió. Lo conocía demasiado bien: ese deseo no era lujuria, era desesperación. El beso llegó con fuerza, con dientes, con lágrimas mezcladas. Él buscaba en su boca la última certeza de estar vivo; ella lo recibió como si pudiera salvarlo. Las manos de Damián bajaron hasta acariciar el vientre redondo, temblorosas, reverentes. ...
... Helena le tomó la cara y lo miró fijo, con un brillo húmedo. —Hazlo —susurró. Helena levantó los brazos. Damián le levantó el vestido, sin prosa pero sin detenerse. No llevaba ropa interior. Forcejeó contra su cinturón y luego con el pantalón. Estaba excitado, durísimo. Él se dejó caer sobre ella en el sofá, sus cuerpos encajando como si todo lo roto aún pudiera repararse con contacto. Fue un sexo apremiante, casi torpe por la prisa, por la rabia contenida, por el miedo a perderse. La penetro con cierta calma, pero con una profundidad que le erizaba la piel. Los gemidos de Helena se ahogaban en besos mordidos. Cada embestida era un grito mudo contra la muerte. Helena arqueó la espalda, sus manos apretando los hombros de Damián con la fuerza de quien se aferra a algo que se va. El vientre presionaba entre los dos, recordándoles que la vida seguía latiendo ahí, obstinada. Después de un rato de embestidas salvajes, gemidos ahogados, mordidas y abrazos, sus cuerpos se soltaron. Damián se derramó en su mujer al mismo tiempo que ella lo abrazaba en espasmos. Al final, él se derrumbó sobre Helena, exhausto, con la respiración cortada y las lágrimas pegándole en el pecho. Helena le acarició el cabello en silencio, como si arrullara a un niño. Él rió. Una risa seca, de esas que más que alivio, son aceptación. La miró largo. La besó en la frente. Con amor. Con miedo. Con esa nostalgia que se tiene por algo que aún no se pierde, pero se sabe irremediable. Luego se quedó ...