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Hospital comarcal (9)
Fecha: 10/04/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos
... misma que parecía flotar. Me quedé ahí mirándola como un idiota hasta quedarme atrapado en mis propios pensamientos. 52 Salí a tomar el aire. El calor de la discoteca, la música y el recuerdo pegajoso de Daniel me tenían saturada. Y entonces lo vi. Justo lo que me imaginaba. Julio estaba comiéndose la boca con la chica. Me puse perrísima. No voy a fingir lo contrario. Era exactamente lo que había estado buscando desde el principio: que él dejara de actuar como si la vida no mereciera la pena y se lanzara de una vez a vivir. Y vaya si lo hacía. Ella era espectacular. Morena, piel clara, un pelo largo que le caía suelto sobre los hombros y parecía recién cepillado incluso después de haber bailado en un local lleno de humo y sudor. Llevaba un top claro ajustado, con un escote que no era excesivo pero sí suficiente para hacer que muchas miradas se quedaran atrapadas ahí. Los vaqueros le dibujaban las piernas con una perfección insultante y, sobre todo, tenía algo en los gestos: una calma estudiada, un aire de mujer que sabe lo que quiere y no tiene prisa por conseguirlo. Julio no podía haber elegido mejor. Premio gordo. Jackpot. Me escondí un poco entre la gente de la terraza para que no me viera. No quería arruinarle el momento. Le dejé espacio, porque sabía que si me cruzaba con su mirada, aunque fuera sin queerer, el hechizo se rompería. Y yo no quería romper nada. Quería verlo. Solo eso. Verlo desde fuera. Él estaba guapísimo. La camiseta blanca que ...
... se le pegaba ligeramente a su cuerpo atlético, los chinos beige que de repente parecían hechos a medida, la manera en que la sujetaba mientras la besaba. Me mordí el labio. Julio podría haberse ligado a quien quisiera en ese local, pero esa chica… esa chica era de otro nivel. Y él se la había llevado. Me fijé en cómo sus manos exploraban. Primero el culo de ella, redondo, firme, y luego subiendo despacio por la espalda. El movimiento no tenía nada de torpe. Era hambre pura. Y eso me volvió loca. Porque conocía a Julio y sabía que en el fondo tenía una mentalidad clásica, que le gustaban las cosas ordenadas, discretas, que nunca admitiría del todo lo caliente que era. Pero en ese momento lo veía claro: bajo esa fachada de chico correcto se escondía un animal. Y verlo salir me ponía más cachonda que cualquier otra cosa. Se quedaron allí diez minutos, pegados, devorándose, como si no existiera nadie más en la terraza. Hasta que se fueron hacia el paseo marítimo. Yo ya no les seguí. No hacía falta. Ahora todo estaba en manos de Julio. Pedí otro mojito y me senté en una de las mesas de la terraza, dejando que el vaso frío se condensara entre mis dedos. Sentía el corazón latiendo a toda velocidad, pero no de celos, sino de pura excitación. El aire de la noche me acariciaba la piel todavía húmeda de la pista, y sonreí sola, pensando que había empujado la ficha correcta. No tardó demasiado en sonar mi móvil. 53 Después de que Lucía se marchara, la brisa del puerto se ...