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Hospital comarcal (9)
Fecha: 10/04/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos
... llevó su perfume, pero trajo de vuelta a Virginia. Apareció en mi mente como un golpe seco en la nuca, no era capaz de entender sus intenciones. ¿Quería que me follase a Lucía? ¿Qué clase de juego era este? ¿Qué coño quería decirme con esa foto? Saqué el móvil y volví a mirarla. La imagen era lo primero que salía al abrir su conversación, iluminando la pantalla con su presencia. Virginia, con esa cara de santa que podía engañar al más cínico, el pelo medio revuelto, los labios entreabiertos, los ojos como si nada hubiera ocurrido, y esa mancha húmeda resbalando por el cuello de su vestido negro. Un semen que no era mío. Que no me correspondía. Y, sin embargo, en lo único que podía pensar era en lo guapa que estaba. Me daba rabia, claro que sí. Verla marcada por otro, por un imbécil de discoteca que se había corrido en su cara como si fuera un trofeo barato. Pero esa rabia se mezclaba con algo peor. Algo que no quería admitir: morbo. Morbo puro y duro. Una sacudida en las entrañas que me ponía cardíaco. El contraste entre su expresión inocente y la suciedad del gesto era fuego. Era como si con esa foto Virginia hubiese atravesado todas mis defensas para decirme: mira lo que soy capaz de hacer, y ahora dime si puedes soportarlo. Me quedé un rato mirando la imagen. La amplié. Volví a ver cómo el semen manchaba la tela, cómo se mezclaba con la curva suave de su clavícula. Y una idea que no podía frenar tomaba el control de mi mente. Al final escribí: —Me debes un ...
... reto. Ella no tardó en ponerse en línea. Casi como si estuviera esperando a que yo reaccionara. Y ahí lo vi claro: no lo había visto así antes, pero la verdad era que había perdido el juego. Y que eso me daba derecho a reclamar lo que llevaba días guardándome. El reto que me ardía en la lengua desde que me sugirió el reto. —¿Qué tal con la chica? Leí y me salió una sonrisa torcida. Respondí: —No tan bien como tú con el mazado, supongo. Tardó un segundo. —JAJA, era un imbécil… en realidad me arrepiento. Pero tienes razón: puedes cobrarte tu premio cuando quieras. Ya no dudé. Ni un segundo. —Esta misma noche. ¿Nos vamos a casa? La respuesta fue corta. Directa. —Ajá. Sentí un latigazo de excitación atravesarme por dentro. Guardé el móvil, me puse en pie, y la busqué con la mirada. Entonces la vi salir de la terraza. Como si nada hubiera pasado. Ya completamente arreglada, el vestido limpio, el pelo otra vez en su sitio. Perfecta. Parecía mentira que fuese la misma persona que me había mandado esa foto hacía apenas un rato. No estaba enfadado. No podía estarlo. Primero, porque entre nosotros no había ninguna relación que me diera ese derecho. Y segundo, porque Virginia tenía una manera de mirar que me desarmaba: transmitía serenidad, como si supiera exactamente lo que estaba haciendo. Como si me estuviera diciendo sin palabras que no tenía intención de joderme. Esos juegos eran parte de ella. Una Virginia nueva que no me había enseñado hasta ...