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Hospital comarcal (9)
Fecha: 10/04/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos
... con la otra mano, penetrándose con ansia mientras usaba mi polla como juguete externo. El contraste era una tortura deliciosa: yo la tenía a un palmo, sentía su calor, su humedad, pero ella se dirigía la acción, jadeando como si estuviera a punto de quebrarse. Cuando al fin llegó el orgasmo, su cuerpo se arqueó en la mesa, las piernas temblaron y dejó escapar un grito ahogado. Me quedé a centímetros, con mi polla húmeda de sus jugos, notando el calor en el aire. —Ha estado genial… —susurró, exhausta. Yo me moría de ganas de meterla de una vez, pero me contuve. Ella me miró con una sonrisa ladeada. —Te dije que tuvieses cuidado con lo que pedías. —Me agarró la polla y la agitó suavemente—. Parece que tu amigo no ha quedado satisfecho. Ese contacto fue la gota que faltaba. Con apenas unas sacudidas, exploté sobre su vientre. Ella me mordía la oreja mientras me corría, animándome con susurros obscenos, y yo descargaba todo el peso de la noche en su mano. Nos quedamos así, desnudos, pegados a la mesa. Una escena que desde fuera habría parecido patética: yo acariciándole el pelo, ella con la tripa manchada de semen. Pero a mí me parecía el puto paraíso. No habíamos ...
... follado, y aun así había tenido uno de los orgasmos más intensos de mi vida. El sexo con Clara había sido maravilloso, sí. Pero lo que me daba Virginia era otra cosa. Otro nivel. Una excitación demente, un juego en el que lo prohibido y lo compartido se entrelazaban. Y lo peor —o lo mejor— es que me volvía loco. Cuando volvió del baño, ya limpia, llevaba solo una camiseta amplia y unas braguitas. Y aun así, seguía poniéndome como un adolescente. —Vamos a dormir, anda. —Me cogió de la mano y me tiró hacia el sofá. Se acurrucó contra mi pecho, apoyó la cabeza y suspiró como si hubiera encontrado un refugio. —Mañana nos toca turno. Qué pereza… —bostezó. Yo le acaricié el brazo, haciéndole cosquillas suaves. —Yo también me quedaría así toda la noche. Ahora mismo soy incapaz de pensar en el hospital. —¿Ah, sí? ¿Y en qué piensas? —preguntó sin abrir los ojos. —En que me he equivocado de reto. —Le mordí el labio y la besé con ternura. —Buenas noches, Julito. Se dio la vuelta y me quedé abrazado a ella, en posición de cucharita. La sentí acomodarse, hundir el culo contra mi vientre, buscar calor. Y poco a poco, entre la ternura y el cansancio, nos quedamos dormidos.