1. Hospital comarcal (9)


    Fecha: 10/04/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos

    ... ignorar.
    
    Yo apenas podía respirar. Sentía mi polla palpitando contra el pantalón, queriendo liberarse, pero una parte de mí aún dudaba. Me daba vergüenza pajearme delante de ella, incluso en medio de esa escena que habría vuelto loco a cualquiera.
    
    La miraba, y al mirarla me venían imágenes del hospital. Virginia con el traje de enfermera, el pelo recogido a medias, la sonrisa tranquila mientras pasaba realizaba cualquier protocolo. La misma mujer que ahora gemía como una loba en celo frente a mí. El contraste me encendía más que cualquier película porno: era la prueba viviente de que la chica más tierna que había conocido también podía convertirse en la más desatada.
    
    De pronto, cambió la expresión. Como si la curiosidad se le escapara por las cejas arqueadas, me hizo un gesto con la mano libre: una indicación clara para que me bajase el pantalón.
    
    No me lo podía creer. Yo había dado la orden inicial, pero al final era ella quien tenía que empujarme a seguir.
    
    Me sentí como un soldado obedeciendo sin rechistar. Me desabroché el botón, bajé la cremallera y en pocos segundos estaba en calzoncillos, con la erección marcando un bulto imposible de disimular. Ella, sin dejar de tocarse, me observaba con una sonrisa torcida y el brillo del deseo en los ojos.
    
    —Quítatelo. —Me dijo imitando mi tono.
    
    Lo hice sin pensarlo. El calzoncillo cayó y mi polla saltó libre, al fin, tras toda la noche encarcelada. Era grande, dura, venosa, el glande aún cubierto pero tensando ...
    ... la piel hasta que terminé de descapullarla. Quedó brillante bajo la luz de las velas, como una promesa húmeda que pedía ser cumplida.
    
    La sensación de alivio me arrancó un suspiro. Notaba cómo la sangre latía en cada milímetro, cómo el aire fresco chocaba contra la piel recién expuesta. Y mientras yo me recuperaba de la descarga de dejarla al descubierto, Virginia seguía con su danza, masturbándose cada vez más rápido, jadeando con un ritmo que me hipnotizaba.
    
    —Ven. —Me pidió de pronto, tumbándose en la mesa del salón y haciéndome un gesto con el dedo.
    
    Me levanté de inmediato. Caminé hasta ella con la certeza de que estaba a un paso de atravesar el cielo. Su coño brillaba empapado, como si fuera un fruto abierto rebosando jugo. Tenía una sonrisa maliciosa, esa que te dice “sé exactamente lo que estoy haciendo”.
    
    —Normal que Clara no quisiese renunciar a esta polla. —Me susurró cuando me incliné sobre ella.
    
    Sus palabras fueron un mazazo directo a la entrepierna. Me agarró el miembro con una mano firme, explorando sus venas como si leyera un mapa en relieve.
    
    —Te noto muy tenso, Julito… pero recuerda lo que te dije: solo tendrás lo que pidas.
    
    Y entonces empezó a jugar conmigo. Pasaba mi polla por su sexo húmedo, rozándome contra el clítoris, deslizándome por la ranura sin dejarme entrar. Cada vez que el glande rozaba su botón, ella gemía con fuerza, y yo tenía que apretar los dientes para no empalarla de un solo golpe.
    
    Mientras tanto, se introducía los dedos ...