-
Carta de Vanessa, al Cornudo de su esposo [05]
Fecha: 13/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Reina de Picas, Fuente: TodoRelatos
... sigue chillando, que me pone más duro». Su voz era un rugido, y antes de que pudiera protestar, se enderezó, desabrochando su pantalón con un movimiento lento, deliberado, el sonido del cinturón deslizándose por las trabillas como un latigazo en mi cabeza. Bajó el cierre, el metal chirriando en el silencio, y metió la mano dentro, sacando su vergota con un movimiento que me cortó el aliento. Juro, Pablo, que cada vez que la veía era como la primera, como si mi cabeza no pudiera procesar algo tan bestial. Era una polla monstruosa, amor, gorda como un fierro de construcción, tan ancha que apenas podía abarcarla con las dos manos, las venas gruesas latiendo bajo la piel como si tuvieran vida propia, la punta brillante con una gota de semen que goteaba lenta, pesada, cayendo al suelo del carro. La textura era rugosa, caliente, la piel tensa y suave al tacto, pero dura como piedra debajo, un peso inabarcable que me hacía sentir pequeña, insignificante, como si esa verga fuera un dios al que tenía que adorar. Era más grande que cualquier cosa que hubiera imaginado, amor, mucho más que tu pito flácido, y me avergüenza decirlo, pero cada vez que la veía, mi coño se apretaba solo, mi boca se llenaba de saliva, y mi cuerpo temblaba de un deseo enfermo que nunca sentí contigo. «Chúpamela, zorra», gruñó Damián, agarrándome el pelo con una mano, su verga rozándome los labios, el olor a hombre puro golpeándome como una droga. Quise negarme, amor, quise gritar que no, que ...
... no podía hacer esto con la kermés tan cerca, pero mi boca se abrió sola, y mi lengua lamió la punta, saboreando la sal de su semen mientras él gemía, «Así, perra, trágatela». Me la metí hasta donde pude, amor, y era imposible, la anchura estirándome los labios hasta doler, la longitud golpeándome la garganta, haciéndome toser mientras la babaza se me escapaba, chorreando por mi barbilla, goteando en mis tetas desnudas como un recordatorio de mi humillación. «Succiona, reinita, como si fuera un dulce», gruñó, guiándome con su mano en mi nuca, empujándome más profundo. «No te la tragues toda de una, mamacita, usa la lengua, bésala, chúpala despacito». Hice lo que decía, amor, y me odio por eso, por cómo mi lengua recorrió cada vena, lamiendo la piel rugosa, besando la punta como si fuera un amante, chupando con fuerza hasta que mis mejillas se hundían, la babaza saliendo en hilos pegajosos que se mezclaban con el sudor de su verga. «Eso, zorra, así, bésamela como nunca se la besaste al cornudo», gruñó, y sus palabras me cortaron, porque era verdad, Pablo, nunca te hice esto, nunca me arrodillé para ti así, nunca dejé que mi boca se llenara de baba por ti, y el pensamiento me humillaba, me hacía sentir como una traidora mientras él me guiaba, «Chupa más fuerte, usa los dientes un poquito, mamacita, haz que sienta quién manda». Mis manos temblaban en sus muslos, amor, mis uñas clavándose en su piel mientras chupaba, succionaba, lamía, siguiendo cada orden como una ...