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Un puto que no era puto y el obeso que lo deseó
Fecha: 16/04/2026, Categorías: Gays Autor: DelaMisericordia, Fuente: TodoRelatos
Me encuentro una noche más, solo, ha sido un día largo de verano en mis oficios de toda la vida, trabajando y trabajando, en un país extraño donde llevo viviendo más de 12 años, tanto tiempo como mi cuerpo alejado de las caricias de un buen macho. Sí, eso soy, una bola de grasa que no despierta ni una sola mirada lujuriosa. Yo en mi móvil una vez más navegando infinitamente por el mundo de las apps de citas, viendo uno y otro perfil, siendo contantemente despreciado. Unas semanas atrás había pasado unos días en unas playas paradisíacas, en una de las tantas ciudades a orillas del mar de este gran continente llamado país, donde el mar choca por casi todos sus costados, cambiando contantemente su geografía. Unos amigos me habían dicho; gordo, por qué no vamos a las payas nudistas cercanas al hospedaje, mi mente se bloqueó, parálisis total, ¿qué puede hacer un hombre con mis dimensiones en una playa nudista, sino asustar a los bañistas pensé. Me negué de manera inmediata a la invitación. ¡pero mi cuerpo no! ¡mi mente tampoco! Empezaron a pasar por mi obsesivos y sucesivos pensamientos de ver a otros cuerpos lucir su natural belleza, más que a otros cuerpos, a otros hombres; ver la dimensión de sus penes o lo esbelto de sus traseros, esas pequeñas montañas firmes que nacen en sus glúteos y mueren en sus espaldas bajas. Me decía para mis adentros, no puede habar en la playa nudista un hombre con el pene pequeño, todos tienen que ser dotados, sino jamás de atreverían a ir. ...
... Un escalofrío recorría todo mi cuerpo, pero aun así exponer todas mis dimensiones visibles y lo miniatura de mi pene, entremetido entre mis grandes glúteos, arropado por mi enorme barriga, casi cubierto como por una capa de piel que le sirve de paraguas me parecía lo más espantoso, por ello contuve mis deseos, aunque mi mente siguió vagando por el delicioso pensamiento de ver tantos penes juntos como nunca antes en mi vida; unos más gorditos, otros más delgados; unos troncos que colgaran por encima de los huevos de esos machos naturalistas, otros que fueran más como la cabeza de una tortuga que sale de su caparazón. Recuerdo ahora mismo estos pensamientos y la boca de me hace agua, me estremezco. Y así estaba ese día, completamente excitado, tanto que en cuanto empezó a caer la tarde y mis amigos ya estaban de regreso en el hotel, yo tomé la decisión de ir a ver que quedaba en aquellas playas. La verdad es que no tenía muchas esperanzas, estábamos en el primer mes del verano, hacía calor, pero posiblemente las tardes refrescarán. No era el caso. Sin pensarlo mucho llegué a aquella playa, la más retirada posible, donde imaginaba que solo quedarían los más morbosos exhibicionistas. Temeroso me adentré por casi una jungla, había cantidad de árboles y matorrales haciendo valla en un diminuto camino por donde mi enorme cuerpo apenas pasaba, al salir una gran piedra negra que le deba nombre al lugar y después los primeros rostros y cuerpos desnudos. Mujeres y hombres jugando, ...