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Un puto que no era puto y el obeso que lo deseó
Fecha: 16/04/2026, Categorías: Gays Autor: DelaMisericordia, Fuente: TodoRelatos
... caminando o simplemente tumbados en la arena. Algunos me quedaban viendo con unas miradas casi inquisitorias, pues era el único que andaba vestido y no hacía el mínimo gesto de quitarme la ropa. Me alejé un poco de grupo, buscando dentro de la playa nudista lo zona más alejada, la encontré y empecé a desvestirme. Detrás de mí una pareja heterosexual ella muy guapa y él, divino; con un metro ochenta de estatura, delgado, más bien esbelto, unas piernas largas y una piel bronceada; de ojos negros como la noche y de pelo moreno intenso. Intenté con todas mis fuerzas que no percibiera que me era imposible dejar de verlo, no lo logré. Su novia se percató y le hizo un gesto con la mirada, él me quedó viendo y se sonrió, yo bajé la mirada, sentí una vergüenza enorme, volteé a ver al mar y sin que nada me lo impidiera ni interiormente ni exteriormente comencé con mucho miedo a desvestirme; él detrás y ella a su lado. Primero la camiseta, dejando al descubierto la barriga y los enormes pechos de un treintañero con más de ciento setenta kilos, para ellos solo mi espalda; y más murmullos, como el sonido del viento al rozar con los árboles. Poco a poco me fui bajando el bañador, no llevaba nada por debajo, solo mis huevos y toda la grasa que rodeaba lo poco que se dejaba ver de mi diminuto pene. Fui decidido, me incliné, detrás de mi ellos y frente a ellos un enorme trasero redondo que acompaña perfectamente al cuerpo y la espalda que se les revelaba desde antes. No me puse a pensar en ...
... nada, terminé la maniobra y ya completamente desnudo, al lado mío estaba de nuevo él, sacudía una manta mientras me observaba, sutilmente lo quedé viendo y cuando nuestras miradas chocaron una sonrisa se marcó en su rostro. Al movimiento de la manta también se bamboleaba su pene, era como el badajo de una campana, no estaba erecta, pero le caía casi hasta la mitad del muslo y se bamboleaba para arriba y para abajo según sus manos se movían al son del viento y la manta. Era un trozo de carne moreno, tan apetitoso, tan listo para ser estimulado, que físicamente no pude sino babearme. Había sido un momento glorioso, que sólo fue un instante, pero que para mí fue la eternidad perfecta. Ellos se fueron y yo me metí en el mar. Y aquí estoy en mi cama sobrellevando mi soledad, sabiendo que mi cuerpo tiene mucho tiempo sin tener a nadie que lo acaricie y con muchos deseos de volver a ser penetrado. Upss, mira, ha saltado un anuncio de una página de chaperos. Pero yo nunca pagaría por sexo ¿Verdad? No lo sé, voy a ver que me encuentro por aquí. Que cuerpos, que guapos, que sexis, ¡uff! Que deseables estos chaperos, pero yo nunca pagaría por sexo, verdad. No, no, no, simplemente no. ¡Uy! Y este chico, que guapo, no está desvestido, usa gafas, que bonito; miremos a ver que ha escrito. “la mejor compañía que existe, respetuoso, amable; con ganas de pasar un buen momento contigo, desde una buena conversación hasta un masaje relajante, lo que tú necesites para estar cómodo y ...